Estudiantes de más de 40 ciudades españolas, entre ellas Badajoz y Cáceres, se concentraron el pasado viernes para demandar una acción política frente a la crisis climática global. Estas protestas estaban enmarcadas dentro de una huelga mundial convocada en más de 1.600 ciudades de 105 países. Y aunque resulta contradictorio, los jóvenes y estudiantes, que no han conocido otro clima, son los más concienciados en el cambio climático. Son conscientes del la existencia de un grave cambio, las redes sociales les ayudan a verlo. No se les puede mentir. Una conciencia medioambiental necesaria para salvar al planeta del calentamiento global y sus posibles efectos.

El cambio climático es incontestable. Sus consecuencias están ya con nosotros en el día a día. Sin ir más lejos los extremeños hemos despedido el último fin de semana de invierno con 25 grados y unos escasos seis días de lluvia en toda la temporada invernal. El agua, el elemento imprescindibles para la vida, cada vez es más escaso y las consecuencias de su ausencia serán terribles. Sin ir más lejos, en nuestro país, en un gran territorio que comprende parte de Almería, Granada y Murcia se lucha ya fervientemente contra el avance de la desertización. El año pasado una primavera extremadamente lluviosa palió cuatro años seguidos de sequía. Esta primavera muchos ya miran al cielo esperando el oro líquido.

Durante la última década se han dado en el planeta ocho de los 10 años más cálidos desde que hay registros fiables. En las zonas desarrolladas del mundo, gracias a los avances tecnológicos, el ser humano ha alcanzado un nivel de bienestar inédito. Pero el crecimiento se ha basado en unos combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas natural– que al quemarse liberan los gases de efecto invernadero que guardaban en su interior. La concentración de CO2 en la atmósfera no ha parado de subir desde 1960 a pesar de los compromisos de los gobiernos.

Esta es la queja principal de los estudiantes, la falta de acción política. Como los intereses económicos pasan por encima de los acuerdos políticos y los compromisos adquiridos se incumplen una y otra vez, como ocurrió con el Acuerdo de Kyoto. Los estudiantes lo llaman justicia intergeneracional, quieren heredar un planeta sano, es su lucha, y por ello, piden que los gobiernos se responsabilicen y adopten medidas reales para no llevar al planeta a su agotamiento.

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