Norte y Sur. Goyo Tovar.

Dudas de papel
Goyo Tovar

Debe ser la tensión calor/frío la causa que explique las acusadas diferencias de valores y comportamientos entre los pobladores del norte de la bella Europa y su hermoso sur, que, certeramente se encuentra al norte de África.          

Los primeros y vivenciales desigualas las guardo en mi adolescente recuerdo de las muy numerosas escandinavas que, huyendo de la neblina frescachona se embadurnaban de soles hispánicos y mares cálidos; por contra, aquellos segadores autóctonos y labriegos del tabaco o del tomate se bañaban en sudor y en calores desérticos. Quizá por eso la cordura democrática y social se instaló allí arriba a la vez que la locura dictadora y militar se asentó en el gobierno de algunos países sureños.

Como el cambio es un suceso permanente, llegó a los países nórdicos algo de los excesos súrdicos: se pone de moda vitorear principios fascistas, como si los millones de desgracias de la segunda gran guerra se hubiesen olvidado.

¿Y el centro? En el centro parecía encontrarse el poder modélico; el eje Londres-París-Berlín soportó los desequilibrios pese el extremoso inglés, y el tándem Macron-Merkel señala ya sus horas bajas. Francia sigue atenazada por el lepenismo y la ultraderecha alemana se prepara para asaltar en este otoño el este del país. De siempre, la amistad francogermana fue esencial para el éxito de la UE; ahora, la confianza entre ambas naciones no pasa por buen momento lo que reduce las esperanzas para superar las crisis, máxime con la tumoración del Brexit.

Parece que el nuevo contrapeso quieren encontrarlo en el doble socialismo ibérico y en la socialdemocracia danesa y lituana. El celebrado presidente del gobierno español ha sido llamado a ocupar decisiones para los grandes cargos de la gran casa de Berlaymont.

Exageradamente en el otro sur, Nueva Zelanda, inaugura la semana laboral de tan solo cuatro días y es el primer país en abandonar el crecimiento económico como prioridad política en favor del bienestar. Sus presupuestos se alejan de los objetivos tradicionales –crecimiento/productividad- en favor del progreso, la salud, lo comunitario y lo medioambiental. Se han adelantado los neozelandeses antes de conocer un informe encargado por Naciones Unidas que predice el fin del capitalismo por la explotación insostenible del planeta. Eso sí que es una duda.

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