La bruja Circe

Dice la Torá, en el principio era el verbo quien creo el universo no olvides lo que dice la ciencia, que el mundo se crea constantemente mediante el verbo, sonidos vibraciones, frecuencias, colores. Hoy te hablaré de las palabras que decimos en casa.

Las paredes tienen recuerdos. Algunas palabras se tornan en maldiciones. En momentos como este en el que la impotencia y a veces la furia nos empuja, tenemos que recordar que hay palabras capaces provocar un maleficio, reforzar la desgracia, evocar la mala suerte y atraer la infelicidad; así como hay otras con la llega la prosperidad, felicidad y la paz, esas se llaman bendiciones. En Cábala, en el Ho’Oponopono, en el Merkaba, el budismo y en otras filosofías, pronunciar una palabra repetidas veces, es crear para sí mismo un decreto para bien o para mal.

El entorno que vives, en especial tu casa, tiende a absorber, almacenar y repercutir las palabras de tus hábitos mentales que toman fuerza y su eco permanece y se amplia y eso es según tu atmósfera emocional. Por ejemplo : ¡Oh mierda!: Llama la podredumbre. ¡Maldita sea!: Lanza plagas, maldiciones y bloqueos. No te menosprecies ni insultes, nada de boba, inútil o similares. Genera inferioridad, limitación, inseguridad, incertidumbre. Miserable: Crea escasez, pobreza y penuria. Cuando dices en alto estoy enojado: significa “condenado a todo mal”. La energía de la Magia va montada en las palabras y las palabras asumen la dirección que la intención y las emociones las imprimen, así que cuidado con lo que dices. Es momento de refinar para que la luz pueda fluir. Sé responsable de tu lengua, para no ser esclavo de tus palabras.

Evita juicios y palabras que no deseas se materialicen en tu mundo. Recuerda las palabras negativas generan carencias, enfermedades, dificultades y sufrimiento,

Las palabras o expresiones de amor, gratitud, alegría y belleza atraen prosperidad, abundancia, salud y beneficios para todos.

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