Para empezar, ¿qué echa de menos una escritora después de haber dirigido durante casi cuatro años la Editora Regional de Extremadura y el Plan de Fomento de la Lectura?

Principalmente añoro el equipo y el compañerismo, nuestro empeño por la edición extremeña y apreciar los libros como amigos fieles de nuestra vida. Y seguiré echando de menos a una mujer escritora, de nuevo, al frente… por ahora he sido la primera en dirigir la Editora y Fomento.

¿Qué huella ha dejado ese trabajo en ti?

La amistad. Autoras y autores que siguen en mi cuenta de amigos. Igual que los hay, menos, que se han esfumado cuando ya, hipotéticamente, creen que no puedes hacer nada por ellos. Haber conocido más profundamente Extremadura. Vivido experiencias impagables con los clubes de lectura que aún hoy perviven en memoria y contacto. Y sobre todo saber que las escritoras podemos llegar más allá de una delgada línea frontera de mujeres.

¿Cómo crees que influyen las nuevas tecnologías en la lectura? ¿Debería haber una sinergia mejor?

Se están convirtiendo en una ayuda inestimable. Los más joven son tecnológicos en una amplitud envidiable. Hay que potenciarlo y es una forma de que lean, la lectura en consonancia con los tiempos, y sí que desde las escuelas tienen que propiciar esa sinergia bien temprano.

Cada vez leemos menos y eso se nota en el grado de compresión lectora ¿crees que puede ser una buena herramienta de manipulación?

Leer menos se traduce en hablar peor y escribir con deficiencias. No comprender lo que apenas se lee degrada el entendimiento y perdemos información en vez de ganarla, eso sí que es un riesgo de manipulación.

Hay que leer hasta las etiquetas

¿Eres partidaria de leer aunque sea en formato digital?

Leer hasta las etiquetas, es mi manera de decir que en soporte tradicional libro, soporte digital en libros electrónicos, tablets u ordenador, incluso en el móvil…

La poesía parece que ahora está de moda…

La poesía siempre está de moda, cambian los modos. Como expresión de lo interior a lo exterior también necesita un reciclaje, y aquí están las redes sociales con su gran difusión y acomodo en las nuevas generaciones de poetas/lectores. Un atractivo fascinante.

¿Una solución para afrontar esta crisis podrían ser las librerías con encanto?

Esa estupenda manera de cambiar los escenarios para el universo sin fronteras de los libros me parece muy apetecible como escritora/lectora. Un aliciente para los lectores en todos los sentidos, yo me dejo seducir por esas librerías con gusto a café, siempre me he sentido confortablemente cuando presento un libro en un lugar donde todos los sentidos degustan la cultura.

¿Cómo va tu proceso de escritura?

Sin prisa pero sin pausa. Sigo colaborando en revistas literarias y periódicos culturales. Está a punto de salir un libro de relatos de la Escuela de Arte de Mérida en el que colaboro con un tema genérico como la “postverdad”. Otro también de relatos que está preparando Manuel Simón Viola. Ando trasteando con una novela corta. Me han ofrecido preparar mi poesía completa y estoy dándole vueltas. Además no dejo de ir a los colegios a dar charlas sobre la lectura, eso me engrandece como autora por el contacto con los niños. Un par de proyectos que me han planteado pero que ahora solo están hilvanados. Y sobre todo, me he convertido en prologuista. Libros que después presento, sobre todo de autoras, mujeres que escriben de maravilla, como ahora el estupendo libro epistolar “Juana en treinta cartas y un telegrama” de Caridad Jiménez Parralejo, un libro delicioso sobre la vida, interesante, de su abuela.

Celia Guerra


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