Los jóvenes extremeños prefieren ligar con el móvil. Eleazar García, Tegolegal.

Del clásico ¿estudias o trabajas? al ansiado ‘match’ de Tinder. Así ligan las nuevas generaciones de la región, que prefieren ligar con el móvil. De esta manera lo muestra el estudio de ‘I Observatorio de la Generación Z a través del smartphone’, realizado por la marca de móviles WIKO, en el que se desvela que las redes sociales (56,20%) y WhatsApp (42,42%) son los canales más comunes por los que los jóvenes comienzan una relación, incluso por delante de apps específicas para buscar pareja (22,05%).

Además, revela que un 80% de los jóvenes extremeños, seguidos de un 78,26% de Castilla y León, son los que más y inician una conversación para conocer a alguien especial a través de estos dispositivos.

Sin embargo, ligar con el móvil y las nuevas tecnologías no son la panacea, ya que también sirven como elemento de control, sobre todo entre los más jóvenes. Tanto es así, que según este estudio un 13,39% de los usuarios afirma haber visto tutoriales para vigilar su actividad y un 8,17% instalaron un software espía en su móvil.

No en vano, el 62,20% de los encuestados ha afirmado que su pareja conoce el código de desbloqueo de su smartphone y casi 1 de cada 3, el 31,10%, confiesa que su pareja sabe, por lo menos, una de sus contraseñas de redes sociales.

Acoso

Este estudio sobre ligar con el movil también muestra que el 30,71% de los usuarios se ha sentido acosado porque su pareja le ha revisado el móvil. En este sentido, los hombres se sienten más vigilados, con un 36,22%, que las mujeres con un 24,95%.

Los motivos, pese a tanta tecnología, son los de siempre: los celos. Mirar el móvil de la pareja (21%), revisarlo de forma recurrente (8,66%) e incluso prohibir la comunicación con sus amigos (5,71%) son las razones más frecuentes de acoso.

Para el 62,20%, otro conflicto es conocer el código de desbloqueo del móvil, y para el 31,10%, saber alguna de las contraseñas de los perfiles de redes sociales.

Además, existen tutoriales circulando en internet para ejercer control sobre la actividad de un móvil que no es el propio. De hecho, un 13,39% de los encuestados asegura haberlos visto. En concreto, un 9,74% lo ha hecho a través de redes sociales y un 8,07% a través de WhatsApp. Asimismo, un 8,17% de los jóvenes confiesa haber instalado programas espía alguna vez y otro 15,84% afirma que que, aunque no lo ha hecho, sí le hubiera gustado hacerlo.

En palabras de Eleazar García, abogado experto en Derecho Tecnológico, “mirar el móvil de tu pareja sin que esta lo sepa, y en concreto, acceder a mensajes, emails o fotografías, por ejemplo, es ilegal”, sentencia el experto que apostilla que “se podría estar cometiendo un delito de descubrimiento y revelación de secretos”. En este sentido García explica que “es necesario probar la pareja ha accedido sin autorización a la información secreta de su móvil, aunque a priori podría bastar una declaración de la parte lesionada si pilló a la pareja ‘in fraganti’ mientras accedía al móvil.”

A pesar de todo, la mayoría de las relaciones se basan en la confianza y un 75,89% indica que nunca lo haría.

¿Nuestros datos en peligro?

Toda empresa que trate datos personales está obligada a cumplir la normativa europea y española de protección de datos personales. Esta normativa exige a las empresas en el momento de recoger nuestros datos, y antes de dárselos, explicarnos puntos como quien es la empresa responsable, para qué van a tratar nuestros datos, a qué empresas se van a ceder nuestros datos, entre otros. Los problemas vienen cuando las empresas no son transparentes en ese proceso y, o bien de entrada no explican claramente el uso de esos datos o directamente hacen usos ocultos, opacos y que para nada se podrían desprender de la información anterior.

La tecnología avanza muy rápido, en base a nuestros datos hay programas o robots que pueden tomar decisiones automatizadas sobre nosotros sin que intervenga ningún humano (concedernos un seguro, hipoteca, por ejemplo). Para ello, las empresas necesitan crear perfiles de nosotros, para poder definirnos en base a nuestra capacidad económica, gustos, aficiones, trabajos, enfermedades, etc. y poder así captar nuevos clientes, retenerlos, enviar promociones u ofertas personalizadas en base a ese perfil.

Todo lo que hacemos en Internet deja una huella que va alimentando a ese perfil: las páginas que visitas, los mensajes privados que nos enviamos, las fotografías, vídeos, la música que escuchamos, los audios, lo que hablamos con otras personas, los sitios que visitamos, el ejercicio físico que hacemos o el que no hacemos, lo que comemos, etc. todo deja una huella imborrable, que pasa de unas empresas a otras sin que lo sepamos y para hacer negocio con una información tan valiosa a nivel de marketing.

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