Mi ojito derecho
Clorinda Power

Yo soy esa a la que Floriano le parecía un hombre atractivo cuando aún trabajaba en la Asamblea de Extremadura. Y creo que, por eso, y no porque fuera extremeño, me hizo ilusión la primera vez que le vi sentado en el Congreso de los Diputados. También cabe añadir que a esa edad yo era gilipollas.

Hoy ya no lo soy tanto y creo que, por eso, se me pusieron los pelos de punta cuando vi entrar a Floriano por la puerta del gimnasio, estando yo dentro. Eran algo más de las dos de la tarde y ese día yo trabajaba desde casa, así que aproveché la hora de comer para ir a hacer algo de ejercicio. De repente, un bonito y elegante abrigo largo de paño color cámel, como los que se llevaban antes de que esos feísimos abrigos acolchados se pusieran de moda entre los votantes, sobrevoló el pasillo en dirección a los vestuarios, atravesando la sala de máquinas a un lado y la hilera de bicicletas estáticas al otro. Pensé: “el tiempo pone a cada uno en su lugar y yo voy a levantar pesas a su lado”. Pero Floriano no llegaba y yo empecé a impacientarme. Entonces me decidí dar una vuelta por la sala y, de repente, allí estaba él, con su pantalón corto a media pierna, sus calcetines altos, sus deportivas blancas y su camiseta bien planchada, llegando tarde a su clase de crossfit. Para quien no lo sepa, el crossfit es lo más parecido a un entrenamiento militar pero sin pintura de guerra en la cara ni barro en el suelo. He de confesar que verle allí me impresionó. A Floriano se le intuye en forma, pero ¿tanto?, me pregunté.

Por la noche me acosté feliz confiando en el selfie que Floriano le mandaría después a Aznar

Para su desgracia, mi incredulidad se convirtió en certeza cuando husmeé a través del cristal y pudo ver esas piernecitas peludas, varoniles y ligeramente bronceadas, que muy de vez en cuando y a duras penas se levantaban de la colchoneta y, cuando lo conseguían, lo hacían, como diría Rosalía, muy malamente.

Desconozco si era su primera clase o si husmeé en un mal momento (pese a saber que quien husmea siempre lo hace en mal momento), pero Floriano no es carne de entrenamiento militar. Eso sí, por la noche me acosté feliz confiando en el selfie que Floriano le mandaría después a Aznar: “Nada, aquí, sufriendo”.

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