Carmen Heras colaborar mujeres sororidad

Desde mi ventana
Carmen Heras

Me puse a enjuagar la jarra para hacer un buen café y mientras veía el agua entrando y saliendo del recipiente y deslizándose por el sumidero de la pila a toda prisa, me dio por creer que algo parecido ocurre con los hechos de este mundo: que más pronto que tarde se los traga un agujero cualquiera. Que desaparezcan los malos parece importante, pero que los buenos puedan irse con idéntica rapidez me desasosiega en cantidad.

Eran las seis de la mañana, esa hora en la que la mayoría de las personas todavía duerme en su cama, pero que a mi me gusta mucho para estar despierta, pues no sólo pareciera el universo más calmado y dulce, sino también más amigo de los humanos, más en comunión con ellos. Más cooperante y colaborador. Menudas palabras, casi na.

De que la cooperación y la colaboración no son exactamente la misma cosa habla un artículo publicado hoy en facebook. El ejemplo que pone es entre mujeres y atina tanto, que no puedo menos que traerlo aquí para ver si acaso a alguien le sirve en este mundo nuestro de día a día .

La colaboración implica cooperación, nunca al revés

La colaboración implica cooperación, nunca al revés, y significa una concepción compartida de un problema, unos objetivos y tácticas comunes. Puede que nazcamos con un cierto potencial para la misma, pero su mayor o menor desarrollo supongo que tiene que ver con nuestro propio contexto socializante y la propia voluntad.

A pesar de lo que parece, suele ser difícil la colaboración entre mujeres, las diferencias entre unas y otras lejos de aportar complementos ayudan a la enemificación (simplificar las posiciones del otro y construir enemigos en una lógica de blanco y negro, sin matices). A lo mejor lo único que ocurre es que la colaboración está sobrevalorada, no es la panacea, necesariamente, o resulta más seguro iniciarla solo cuando hay unos propósitos e intereses comunes entre personas, sean hombres o mujeres.

Para colaborar, ni siquiera pudieran ser necesarias las simpatías personales y las afinidades en gustos o vivencias, todo debiera ser mucho mas profesional y en función de objetivos e intereses de consecución de una tarea. Y hasta puede permitirse un cierto desorden, algún que otro desacuerdo y una experimentación propia del asunto, sin celos ni demonios internos. Siempre que el proceso que se sigue, no se destruya.

Mientras sigamos con el rol clásico de que las mujeres nos ayudaremos por el mero hecho de ser del mismo sexo, nos estaremos frustrando. Porque la sororidad, en general, no existe, sólo hay un pálido reflejo de lo qué debiera ser.


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