Historias de Plutón
José A. Secas

Todo empezó con una reflexión a cerca de la expresión “andar dando tumbos” y concluyó con que la vida puede parecer un continuo desenvolverse entre tropiezos y dificultades y seguramente, en algunas ocasiones, pudo sentirse así, pero cuando reconoció que estaba a un nivel superior al de “andar como vaca sin cencerro”, a sabiendas de que la forma “gucci del to” de transitar por la vida consiste en “fluir” (y eso se consigue de higos a brevas), cambió la forma de enfocar el discurso y decidió acometerlo buceando en las palabras; tan solo por rendirle tributo al dicho instigador de esta cavilación y saberle encontrar las tres patas al gato.

Como le resultaba fácil investigar con un ordenador entre manos, anduvo bicheando con el término y lo primero que le gustó fue que en el norte de Méjico, el imperativo, se había cargado de significado y de un matiz de respeto, confianza o educación si se expresaba hablando de tú o de usted. Así, “ándale muchacho “ viene a significar “ponte en acción muchacho”, similar al “dale”, “ándale, no seas así por favor…” usado más para pedir un favor o el  “¡ándale!”, que sería una expresión de asombro al estilo “¡Dios mío!”, muy similar a la gringa “Oh my God!”, que en una traducción viejuna sería como el “¡válgame Dios!”.

Por imperativos circunstanciales, arrinconó su homenaje al verbo andar y anduvo liado en otros asuntos hasta que retomó el artículo. Para echarse a andar de nuevo, releyó las notas, repasó la información y se dijo: “Anda, que estoy bueno; ¡cómo me puedo liar en estas tontunas!”, y se reafirmó en su intención porque quería escribir una colaboración literaria elaborada y sustanciosa. Automáticamente, sus conexiones mentales le llevaron a recordar un párrafo sublime de una carta personal recibida de una preciosa persona recientemente reconocida, donde le obsequiaba con una auténtica lección: “Un profesor de Literatura nos contaba una vez que los tres objetivos de la literatura, tal y como la concebían los clásicos, eran DOCERE, MOVERE y DELECTARE. Es decir, enseñar alguna cosa lo primero, por eso se valora mucho el carácter didáctico o pedagógico de muchas obras clásicas y, en obras más modernas, también creo que tienen valor los conocimientos, datos, informaciones de fuentes diversas que se usan para enmarcar la trama o argumento. Por otro lado, lo fundamental creo que es lo de conmover, mover emocionalmente al lector para conseguir que se sienta identificado con personajes, autor, historia, etc., con cualquier elemento de la trama que lo enganche, con el que conecte o sienta la empatía necesaria para seguir leyendo y no poder dejarlo. Y, por último, está el placer. Deleitar con la lectura, claro…, puede conseguirse con la belleza de la expresión formal o, a veces, con lo sorpresivo de la forma. En fin, y todo eso siempre se ha dicho que debe introducirse con una CAPTATIO BENEVOLENTIAE, que, como sabrás, se refiere a, antes de empezar, mostrarse humilde y justificar de algún modo los posibles errores ante los lectores, es decir, en todo momento es importante captar la benevolencia del público para conseguir que esté predispuesto positivamente ante la obra. Estarás pensando que para qué te cuento todo este rollo… En realidad, es porque son cosas que pensé anoche cuando acabé la novela”.

Aprendió tanto de aquella lección que decidió andar un trecho más abundando en el asunto y aportando miga al artículo. Antes de nada, es bueno saber que esta persona de la que se habla, andaba metido en la fase de corrección de su primera novela y eso que anda cercano a la sesentena. Por hacerse una idea más precisa, conviene destacar que, últimamente, anda a la que sale para poder pagar los gastos fijos, pero no le gusta andar detrás de unos y otros cuando sus prioridades los alejan del principio de la lista. Prefiere andar a besos que a voces y se toma muchas cosas -pregúntenle- a broma. Ahorita, lo que más le absorbe el seso es la escritura y por eso se deja caer por aquí. Para que le lean.

El último pensamiento de su escrito quiso que fuera un sentido recuerdo y homenaje a su padre que, entre otras cosas valiosas le trajo la música. Escuchaba a Alberto Cortez y la evocación de la letra de la canción “Los ejes de mi carreta” le llevó a detenerse en el último “andar” tomado de la mano de su padre: “Es demasiado aburrido / seguir y seguir la huella, / andar y andar los caminos / sin nadie que me entretenga”.

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