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Un cucurucho de churros

Desde mi ventana
Carmen Heras

Esto de los partidos políticos tiene su intríngulis. En un tiempo no lejano en años, si en vicisitudes, una organización política tenía varios ejes fundamentales: uno, era el afán de gobierno como forma de poner en práctica su ideario puesto que se considera adecuado para el bienestar de las personas. Dos, el activismo en la calle, pues se trata de trabajar por la gente desde el punto de vista de la participación ciudadana, en aquellos lugares en los que esa gente tiene su vida, solidaria y eficazmente a favor de ella, e incluso como paso previo para que la gente conozca y luego vote. Tres, el proselitismo social que conduce a hacer nuevos adeptos, militantes o no, que pregonen las virtudes del discurso político y ayuden, como reacción en cadena, a aumentar el número de convencidos, que a su vez convencerán a otros, que convencerán a otros…contribuyendo al liderazgo social de la fuerza política implicada.

Hoy, viendo y escuchando las últimas noticias sobre primarias, posibles acuerdos, declaraciones…llega uno a la conclusión de que los tacticismos se han llevado por delante todo lo anterior. Cuando se leen las diatribas de algunos componentes de un partido determinado y las contestaciones “a cara de perro” de otros de la misma organización, uno se pregunta si las primarias van a durar mucho, porque la virulencia de los ataques es tan grande que será difícil “devolver la pasta de dientes” adentro del tubo, una vez expulsada.

Vistos los vericuetos por donde discurre la llamada política, hoy me dio por cavilar que a lo mejor de tanto pensar virtualmente hemos creído que nada tiene verdaderamente un importancia transcendental pues todo puede “arreglarse” pulsando un par de teclas que solucionen los posibles errores…

Claro que luego sucede lo que viene ocurriendo: que las “familias” se rompen, los “fuegos” no se apagan, el “pasado” se pierde y la “historia” con él… Y de repente se empieza a construir un edificio que ya está construido. Y sin criterios, al haberse derruido todas las estatuas referenciales.

La sociedad actual está plenamente sensibilizada con algunos temas y le ha puesto un nombre a cada cosa. Cree haber aprendido que el territorio cercano hay que defenderlo y no dejarse expulsar de él. El paraíso, ahora, es el entorno más directo, el más cercano, el más práctico. Fuera lo universal, los grandes ideales que sólo conducen a la desilusión más absoluta. Pongámonos metas pequeñas, seamos los más listos del barrio, o del instituto, vistamos la ropa tan tenue, pero más apetecible para las preferencias de los otros, hagámosles creer lo satisfechos que estamos y lo felices. Juguemos a la lotería por el día de la madre, vacacionemos tres tardes… O sea.

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