Historias de Plutón
José A. Secas

Palabras y más palabras. Las bebe, las piensa, las atiende, las cultiva, nada en ellas, riega con ellas… todo son palabras transitando y desenvolviéndose en su vida, poseyéndola, compartiéndola, inundándola. Las palabras son, para la Reina, todo lo que necesita porque las conoce y aprecia su valor. Las ve nacer, crecer, reproducirse y, algunas, envejecer pero nunca morían para ella. Las más antiguas, descansan en las páginas de algún libro y, aunque no vayan de boca en boca, se conservan impresas en papel para iluminar a eruditos o hacer presente su glorioso pasado, emergiendo de su letargo y mostrarse en negro sobre blanco, junto a otras palabras en desuso, quizás evolucionadas o, incluso, recién llegadas. Ella siente que todas esas voces, habitan en los libros, sencillamente, para poder tomarlas, recibir y retornarles más vida tamizada por su filtro.

Le gustan todas las palabras aunque, por supuesto, tiene sus preferidas. Las conoce por su nombre y las llama mentalmente cuando habla (siempre acuden prestas), las busca y recolecta cuando escribe, escogiéndolas con cuidado; también, cuando lee, las va descubriendo o recuperando. Las aprecia y, si es necesario, acude al diccionario para conocerlas mejor y amarlas en toda su extensión. El diccionario le muestra su vida y sus orígenes y le presenta a sus familiares y amigos. Está claro que lo que no se conoce, no existe y que algo desconocido es imposible de amar (verdaderamente).

Esas palabras las encuentras en cualquier sitio: dando nombre a las cosas y sentido a los pensamientos

La Reina, siempre está atenta a esos matices que solo se aprecian escuchando las palabras con acentos del mundo; esas palabras que habitan en otros paraísos y que, de cuando en cuando, abandonan su territorio y emigran para llenar las mentes y los papeles de recién llegados, de ávidos amantes de la vida, de viajeros en tránsito, de niños curiosos; de eternos curiosos…

Esas palabras las encuentras en cualquier sitio: dando nombre a las cosas y sentido a los pensamientos. Siempre generosas, siempre sabias, siempre cercanas. También algunas son utilizadas para menospreciar, criticar, arengar o insultar pero la Reina, las ordena en su mente y salen de su boca solo para transmitir calma y dar amor, para despertar inteligencias, para consolar e infundir ánimos. Sus palabras dan consuelo y hasta salvan vidas. Es una entendida y bienintencionada coleccionista de palabras. Las mima y las lleva de la mano a conocer el mundo y a vivir intensa y libremente la vida.

Hay varias cosas que la Reina hace muy bien por y con las palabras: las detecta, las llama, las convoca, las espera, las atiende, las escucha, las comprende, las aprecia, las interioriza, conecta con ellas y termina haciéndolas suyas para hacerse mejor, más completa, más sabia y poder luego transmitirlas con tino. Dentro de ella, las palabras son felices porque se sienten seguras y útiles. No hay mejor lugar para una palabra que el mundo interior, la inteligencia y el sentir de ella: Oxiram, la Reina de Más.


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