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La semana pasada celebramos la VIII edición de los Premios Avuelapluma. Una andadura que empezó como reconocimiento a aquellas personas e instituciones que aportan sus creaciones a que el mundo sea un poco mejor. ¿Por qué seguimos haciendo esto después de tanto tiempo? Porque ‘no podemos no seguir’. Una verdad tan absoluta que ni siquiera la negación le resta un ápice de fuerza, de verdad y de sentido. Ese sentido es lo que condiciona nuestros actos, el que provoca que caminemos con rumbo —firme o errático— o mecánicamente respondamos como autómatas a los estímulos interesados de otros.

 

Henry Miller dijo que “hay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que carece de sentido”, en la línea de lo que Shakespeare opinaba con vocación hedonista: “La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido”. Con estos premios, o cada vez que nos embarcamos en algún proyecto —descabellado o coherente—, aportamos nuestro sentido, ese del que carece la vida por sí sola.

 

Nos equivocamos al pensar que nacemos libres, muy al contrario, la libertad se conquista cada día procurando autenticidad y satisfacción en lo que hacemos, pero evitando las procelosas aguas de la autocomplacencia. Lo dijo Goytisolo la semana pasada al recibir el Cervantes: “ahora que, como hombre libre, voy conquistando mi libertad, me dais un premio”.

 

¿Y qué sentido tiene el periodismo sin hacerse preguntas? Despejar la incógnita o generar otra más profunda, más irresoluble, pero avanzar, seguir caminando en el amasijo de ruido y opiniones. La cultura, el periodismo, son vicios incunables. Armas arrojadizas para los que vaticinan el pensamiento único como santo grial.

En este último tiempo de tecnología hemos acuñado nuevos términos, pero en el fondo la comunicación se asienta en los mismos valores de siempre. Pasión para entregarte a lo que estás haciendo; Independencia para actuar según tu criterio, rigor para ser justo y preciso, y visión para anticiparte a las necesidades de mañana.

 

Debemos seguir en la senda de lo auténtico, más si cabe hoy en día, pues muchos medios recortan pluralidad para ganar rentabilidad, se aferran al salvavidas de las subvenciones públicas, y eso nunca ha sido buena estrategia, pues arriesgan lo más sagrado: credibilidad.

 

Kapuscinsky decía que “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”, pero mucho tiempo antes Miguel de Cervantes afirmaba que “la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”. Juzguen ustedes y disfruten de la semana, antes de que empiece la campaña electoral y les bombardeen con promesas para los próximos cuatro años.

 

 


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