Mi ojito derecho/
Clorinda Power

El miércoles por la noche me acosté llorando. Eran las dos de la mañana cuando cayó en mis manos el vídeo del atraco en Sevilla y no podía creerlo. A escasas horas de que miles de personas invadieran las calles de Madrid con la bandera de España a modo de pareo, yo estaba sola en mi casa llorando de la risa. Durante unos instantes no hubo tensión, ni declaración de independencia, ni suspensión de la declaración, ni kits españolistas, ni nazis, ni falangistas disfrazados de patriotas, ni gobierno irresponsable, ni oposición irresponsable… Solo el vídeo del atraco en Sevilla emitiéndose en bucle en mi salón.

A estas alturas una empieza a pensar que el 12 de octubre es más una muestra del poderío español que una celebración de orgullo nacional

Cuando me desperté al día siguiente, pude escuchar al ejército del aire sobrevolarme la cabeza. A estas alturas una empieza a pensar que el 12 de octubre es más una muestra del poderío español que una celebración de orgullo nacional. Sea lo que sea, yo no lo celebro. He pasado de que me importe una mierda el Día de la Hispanidad a que me dé una vergüenza terrible. Y un poquito de miedo también. Muchas veces me he quejado de la intolerancia que reina en el otro lado (el de las banderas colgando de los balcones, el de las señoras pidiendo cárcel para Puigdemont, el de los niños con capa de Súper López, el de mis amigos regalando likes en Facebook a canciones de Pablo Escobar). Pero ya no me quejo porque empiezo a pensar que soy tan intolerante como ellos. Ojalá alguien os declarara independientes y os echara de España. Y os obligara a llevar la bandera fuera de estas fronteras. Aunque solo fuera por pasar un poquito de vergüenza, porque el ridículo ya lo estáis haciendo. Y un abrazo desde aquí a todo el elenco del atraco en Sevilla. Por cosas así, amo a este país.


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