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Dudas de papel /
GOYO TOVAR

Supe hace dos semanas que, desde ahora, la denominada Ley Mordaza tratará de castigar debidamente cualquier intromisión de pensamiento en los asuntos públicos de nuestros gobernantes. Esto es bueno que nos lo recuerden porque así la gente evita entrometerse en las cosas privadas; de esta manera, parece asegurado que todo pueda navegar con calma chicha.

Y en la última semana, he aprendido que el Tribunal Constitucional de este país, ha declarado que está ajustado a su constitución que una empresa pueda contratar a un trabajador durante un año y despedirlo al final sin que pueda recibir o reclamar indemnización. Pienso yo entonces que será doblemente constitucional contratarlo por dos años.

Entre la Ley de Mordaza y la Ley de la Baratura, bien conviene escribir al estilo nazareno, con parábolas, que ya habrá Sanedrín que también diga que las parábolas atacan las bases del sistema y no son meritorias de ninguna medalla que el señor ministro del Interior quiere otorgar a la Virgen.

El Cojo Valija es un personaje que vive en un pueblo, que tiene mi edad y que es amante de la caza con galgos. Luchador perpetuo, trata de superar constantemente las limitaciones que aquellas fiebres poliomelíticas de finales de los cincuenta dejaron en su pierna izquierda; que es flaca, dobladiza, débil y nunca equiparable a la derecha, a la que quiere imitar y parecerse. En la época del vigor de los coches todoterrenos, un vendedor lo llevó al campo y, subiéndolo a un cerro desde donde se contemplaba toda la persecución de los galgos, le invitó a que bajase y subiese cuantas veces quisiera del coche para que se convenciese de lo cómodo y estudiado del diseño del asiento y habitáculo para la entrada o para la salida. Tan convencido quedó, que compró el invento.

Al domingo siguiente, con coche nuevo, amigos y perros viejos, buscó oteros donde ubicarse aunque trabajo ímprobo le costó entrar, sentarse y apretar con agilidad el embrague. Los sudores se repitieron y aumentaron en pleno campo, cuando quiso pivotar todo su cuerpo sobre la pierna izquierda, llenándose de malestar y desequilibrio. El lunes estaba el coche en la plaza con el cartel de “se vende”, porque una cosa es entrar por la derecha y otra, hacerlo por la izquierda.

Que si no entienden ustedes la parábola, dudo que puedan ser altos jueces.

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