Hay que ver cómo se nos llena la boca cuando hablamos de la soberanía de los demás. Y es que es un tema peliagudo éste de darle al pueblo capacidad de decisión sobre su propio futuro. La soberanía tiene sus límites en las limitaciones legales que nos hayamos dado en los documentos que rijan nuestras normas de convivencia. Es un tema asumido, pero no resuelto. Las guerras, esto es, la forma que hemos tenido históricamente de alcanzar acuerdos, han desdibujado las fronteras físicas de los países. La época colonialista ha dejado rescoldos que no solo queman cuando se sopla, sino que su naturaleza incandescente los convierte en motivos de conflicto permanentes. El último episodio de violación de la soberanía de un país ha sido el de Rusia en la península de Crimea, territorio que pertenece legalmente a Ucrania según los últimos acuerdos adoptados. Lo de Putin ha sido una violación en toda regla, pues ha invadido militarmente un país con fuerzas bélicas. Cierto es que si atendemos al resultado del pseudorreferendum, el apoyo popular de los crimeos supera el 90%. ¿Soberanía popular o leyes de convivencia? Los observadores y la comunidad internacional condenan el asalto de Rusia a Ucrania y lo acusan de poner en marcha una pantomima para justificar lo que ha sido una invasión en toda regla. Putin hace oídos sordos y achaca su acción al resultado de la voluntad de sus ciudadanos rusos. Estrategia política encubierta. Aquí Artur Mas se ha dado prisa en recabar las similitudes de este proceso con su deseo independentista. A sabiendas de que no tiene nada que ver, el dirigente catalán buscará el argumento que le encaje en sus diatribas esquizofrénicas de escisión. Y qué paso con Kosovo, defienden algunos que ponen de manifiesto la incongruencia con la que la comunidad internacional actúa en este tipo de situaciones. Depende de quién sostenga la vara, nuestro juicio será benevolente o inmisericorde. Y con Putin hay medias tintas. Unos lo amenazan de someterlo a sanciones económicas al tiempo que manifiestan tibieza en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En fin, felicidades a todos esos dirigentes por el día mundial del teatro.

Pero no todo es política, aunque resulte difícil encontrar ese retazo de investigación o sociedad entre el ensordecedor cruce de acusaciones de los partidos y sus dirigentes. Vivimos en un estado permanente de campaña electoral y todo sucumbe a ese fin último que supone estar en el sillón cuatro años más para seguir viendo las miserias de la crisis desde arriba. Si buceamos un poco, encontramos una noticia que puede cambiar el curso de la historia: Un grupo de científicos norteamericanos y europeos crean un cromosoma artificial. Se trata de un cromosoma de levadura. La capacidad de introducirle un cromosoma sintético permitirá mejorar desarrollar biocombustibles más sostenibles o diseñar nuevos antibióticos, además de abrir un nuevo horizonte de investigación sobre cómo reconstruir el genoma entero de un organismo superior, uno de los retos de los últimos tiempos. Con esta biotecnología en funcionamiento podría llegar el día en que pudiéramos crear vida compleja a partir de una célula, incluso despertar un Neandertal o un Homo Sapiens. ¿Se imaginan? 

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