¿Cómo habéis trabajado un texto tan icónico como el ‘Romeo y Julieta’ de Shakespeare?

Siempre es difícil complicado trabajar con Shakespeare. Lo lees bien, pero una vez que empiezas a meterte en harina es complejo. Los textos muchas veces se hacen grandes montañas que hay que escalar, lo que dicen es muy profundo y al mismo tiempo parece muy liviano, esa es la primera dificultad.

Además Romeo y Julieta, como dices es un texto icónico que se ha reutilizado desde que salió a la luz. Es una historia de un amor imposible con esas familias enfrentadas. Lo hemos visto en pintura, en ballet, ópera, música, teatro, cine… con diferentes visiones según las épocas.

¿Por qué está ambientada en los años 30?

Pues mira, lo hemos enmarcado en esa época porque cuando comencé a releer la obra buscando qué podía acercarnos a este mundo… si te das cuenta ahora los amores y la sociedad son líquidos, todo va muy rápido, ya no hay grandes pasiones, es todo de usar y tirar. Además, en la obra se habla mucho de amor, aparece la palabra odio a partes iguales.

Shakespeare no nos dice en ningún momento porqué están enfrentadas pero si deja ver que es algo que viene de lejos y que son unas familias que se odian. El odio y el amor y de pronto, en los años 30, en un país no muy lejano, ocurrieron unos enfrentamientos donde el odio llevó a cosas terribles. Los Montesco y los Capuleto pertenecen a dos bandos ideológicos diferentes, en medio están Romeo y Julieta, que no se enteran de nada y están solamente a su amor y ese odio va a pasar por encima de ellos.

Parece que vuestra puesta en escena, con un muro en medio del escenario, es una metáfora del mundo actual, y más ahora que hay cada vez más fronteras con esta pandemia…

Hemos querido jugar con lo contemporáneo. Estamos viviendo una época en la que se siguen alimentando muchísimo los odios y cuando eso se alimenta no se sabe en qué puede terminar la cosa.

Por otro lado, cada familia está en un lado del muro diferente y la comunicación es imposible. Ese muro le dice muchas cosas al espectador para que saque las conclusiones que quiera con respecto a las divisiones familiares, ideológicas y reales, por desgracia. Una vez cayó el muro de Berlín, que parecía que no iba a ver más muros, se han ido construyendo cada vez más. No sé en qué vamos a terminar ¿en un planeta acotado?

¿Cómo ha sido el trabajo actoral?

Son textos muy profundos que parece que son para hacer una tesina. Hace unos años hicimos un ‘Hamlet’ y nos pasó igual. Los personajes tienen que hablar y no pueden recrearse en decir “fíjate lo importante y lo profundo que es esto”. El actor tiene que interpretar muchas ideas muy profundas en un ritmo de trabajo y de diálogo que no es a lo mejor el que requería ese pensamiento, sino en el que nos movemos nosotros en nuestras relaciones.

¿Cómo vive una compañía de teatro la pandemia, el parón, la falta de trabajo…?

Con desconcierto, con preocupación y laboralmente, mal. Desde el principio, en el momento en el que empezaron a poner las normativas para espectáculos, se metió a las artes escénicas dentro del saco de los grandes espectáculos de música, verbenas, discotecas… y yo creo que nosotros no estamos en ese campo. Nuestros ratios de asistencia son pequeños y los espacios están muy acotados, están muy medidas las butacas… todo esto significa que hay comunidades que están al 50% de aforo, otros al 25% y otros al 75% y no sabemos cómo va a continuar.

Nosotros tenemos que ir a veces a porcentaje de taquilla ya no puedes confiar, porque si el aforo es del 25% no sale rentable. Solamente podemos hacer bolos a caché y ahí hay una gran dificultad.

Por otro lado, sí que creo que es necesario que el teatro y que la música siga funcionando porque el gran público tiene que saber que podemos enfrentar los grandes problemas. Tenemos que asumirlos, cuidarlos, pero que también la vida debe continuar.

Tanto es así que en las épocas más difíciles de la II Guerra Mundial, cuando Londres era bombardeada, los teatros funcionaban bajo orden ministerial. Igualmente, en España, durante la Guerra Civil, hay un famoso libro que se titula ‘Madrid bajo las bombas’, que es toda la vida teatral que tuvo Madrid y que también había orden para que los teatros abrieran y el público tenía que asistir. Yo creo que podemos ayudar mucho al espíritu general, personal y espantar miedos. Hay que cuidarse pero podemos ayudar a que nos recuperemos mejor el ánimo.

¿Qué importancia tiene que un festival como el Clásico de Cáceres continúe con su programación?

Es algo extraordinario. Magnífico y este festival se ha aplazado pero se ha hecho, toda una señal de fortaleza y da energía para la gente que hace teatro. Si todo se cierra el miedo va a más. Yo he felicitado a Silvia, la directora, por todo lo que han hecho y por lo que van a hacer.

Para terminar, ¿por qué hay que ver ‘Romeo y Julieta en estos tiempos?

En cualquier tiempo es bueno. La palabra de Shakespeare trasciende el tiempo aunque ‘Romeo y Julieta’ es una historia que todos conocemos y sabemos cómo termina, pero nos sigue sorprendiendo y más ahora, a los españoles, que también nos tiene hacer qué pensar, para no volver a caer en aquellos problemas y en aquellos terribles sucesos.

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