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De Cáceres de toda la vida /
JOSÉ MARÍA SAPONI

El artículo 1º de la Constitución establece que España es un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Y la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, diciendo además que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

El Rey Don Juan Carlos descansa su autoridad en la abrumadora mayoría del pueblo español que votó la monarquía en referéndum el 6 de diciembre de 1978, el pueblo que votó la Constitución y que lo hizo en función de la soberanía que le pertenece y que le atribuye la propia Constitución y que es soberano hasta que se apruebe otra Carta Magna.

Creo que se debiera tener claro el origen donde descansa la organización y el régimen jurídico del Estado español, sobre todo los que demandan un referéndum para elegir monarquía o república, cosa que no es posible, salvo que se modifique la vigente Constitución Española, y para ello el Parlamento y las urnas, tendrían que decidir y aprobar con los votos de la mayoría necesaria: de los tres quintos y la mitad más uno del censo del referéndum, por lo que hasta que eso no ocurra, la voluntad del pueblo es la que está determinada en la vigente Constitución de 1978…

Es cierto que todos tenemos derecho a expresar estados de opinión libre, respetable y legítimamente, pero esa manifestación mas o menos multitudinaria no genera obligación de tipo jurídico ni tampoco de representación..

Bueno pues el Rey Juan Carlos ha abdicado, y esta ha sido la noticia más importante que ha surgido en los últimos días, y que sorprendió a mucha gente, el Rey Juan Carlos “convencido de que este es el mejor momento” para renunciar al trono, se ha manifestado en algo que él mismo tenía decidido desde primeros de año, abriendo así el proceso de sucesión establecido en la Constitución Española.

Don Juan Carlos ha sabido ser el Rey de todos los españoles y nos deja una impagable deuda de gratitud, ha encarnado el punto de encuentro de todos los españoles y un símbolo de nuestra convivencia en paz. Ha sido un defensor infatigable de los intereses y bienestar de los españoles. Si España ha sido uno de los países con mayor desarrollo económico y social del mundo se debe en gran medida a la figura del Rey Juan Carlos. Él ha sido el principal impulsor de la democracia en cuanto accedió al trono y su principal baluarte cuando la vio amenazada.

Ahora una ley orgánica resolverá todo lo concerniente a su sucesión en la persona de su hijo Don Felipe, tal y como establece la Constitución Española en su articulo 57. Y hay que estar convencidos de que el proceso de sucesión se desarrollará en un contexto de normalidad y estabilidad institucional, como una expresión más de nuestra madurez democrática.

Además, la “preparación”, el “carácter” y la “amplia experiencia en asuntos públicos” del príncipe Felipe son una “sólida garantía” para desempeñar la jefatura del Estado con la altura que exige el cargo.

El ilustre Periodista Graciano Palomo ha dejado escrito que “el Príncipe heredero es consciente de la España en la que vive, y aún más consciente de que, si un día quiere ceñirse la Corona, tiene que ganársela a pulso en medio de unas circunstancias -si se me apura- más difíciles que las que se encontró su padre.”

Pues ha llegado el momento para FELIPE VI Rey de España

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