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Dudas de papel /
GOYO TOVAR

Dado que en esta página se recogieron -hace justo seis meses- las tristezas comerciales y sociales de la cacereña calle Pintores, y ahora recoge un periódico -en portada- que la Policía instruye veinte expedientes por eso de los mal llamados grafittis e imputa a cinco presuntos “pintores”, me entra la quincenal duda de si tendrá parecido efecto esto que usted va a leer a continuación en el inmenso campo de los vilipendiados derechos humanos.

Ustedes deben saber que si el gobierno EEUU y el gobierno EU acuerdan cosita rosa, to er mundo toma el rosa por bandera. Y también saben que -teóricamente- esos gobiernos y todos los gobiernos del mundo se sujetan a la tutela y ánimo de la Organización de las Naciones Unidas para organizarse en la unidad que -teóricamente- nos preserva de la paz, del progreso y de la dignidad que dicen que debiéramos tener las personas. (Oiga, que incluso lo han firmado)

También es sabido que la dignidad incluso puede ser comprada o vendida por un plato de monedas. Siendo la gente bracera la más inclinada a dejar a un lado la dignidad con tal de alejar el hambre, los potentados y mandones imponen con cínico lujo argumental que si no estás a gusto me voy a otro sitio que ya habrá niños, mujeres y humanoides que trabajen más barato, más tiempo y que sus gobernantes fabriquen más exenciones impositivas. Como hay muchas naciones, hay multinacionales.

Pues no se qué individuo humano, o alocado grupo, ha propuesto en la ONU que se obligue a todas las multinacionales a que cumplan las elevadas directrices y sesudas resoluciones que aseguran el respeto de los Derechos Humanos sea cual sea la nación donde la fábrica o la explotación se ubique. Europa y Estados, han dicho educadamente, tururú. Fíjate tú quiénes son los que en verdad manejan el látigo para mantener a los humanos derechos.

No hay grafitti más necesario que aquel que revienta la tranquilidad al poderoso y concede ilusión al desvalido. Esos puercos que nos ensucian paredes limpias y blancas debieran cambiar de aspiración y manchar la frente de los dirigentes de la ONU y sus poderosas naciones. No parece sensato que parte del Patrimonio de la Humanidad esté en una ciudad y no en sus ciudadanos.

 

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