Lunes de papel
Emilia Guijarro

En estos días, unidos por dos fechas, el 25 de Noviembre, Día de la Lucha Contra la Violencia sobre las Mujeres y el día 3 de diciembre, Día Internacional de la Discapacidad, es un momento oportuno para reflexionar sobre la realidad de las mujeres y niñas con discapacidad, un colectivo numeroso y vulnerado, que no vulnerable, como apuntan los expertos sobre discapacidad, que han participado en el IV Congreso Iberoamericano sobre Cooperación, Investigación y Discapacidad.

No se trata de crear nuevos servicios específicos, sino que los existentes puedan estar dotados de profesionales y recursos

En el mundo hay más de 15 millones de mujeres y niñas con discapacidad. Y en España, del conjunto de las personas con discapacidad un 19’3 son mujeres frente un 12’5 por ciento que son hombres. Casi dos millones y medio de mujeres con discapacidad. Son más personas que las que viven en Barcelona y casi tantas como las que viven en Madrid. Por tanto se impone reflexionar sobre aspectos específicos del colectivo.
 El Congreso ha puesto sobre el tapete muchas cuestiones interesantes, y muchos problemas sin resolver, pero quizás hay que señalar la importancia del reto del envejecimiento en el mundo rural, y el maltrato y la merma de derechos que tienen las mujeres y niñas con discapacidad física e intelectual. Así como la importancia de adaptar las estructuras de protección a las mujeres a este colectivo, porque no se trata de crear nuevos servicios específicos, sino que los existentes puedan estar dotados de profesionales y recursos capaces de dar respuesta a estas situaciones.
 Cuando vemos a una mujer con discapacidad, estamos viendo sus “estigmas”, no puede cuidar, no puede casarse, no puede tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo o sobre su vida. Sufren una presión en el entorno y en las familias. En definitiva lo negativo frente a la diferencia y la diversidad.
 Existen tratados internacionales (como la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad y la Convención de los Derechos del Niño) que ordenan a los Estados parte a proteger los derechos humanos y fundamentales de las niñas con discapacidad, obligando a los países a tomar todas las medidas necesarias para asegurar su protección y la libertad de expresión sobre todo lo que les afecta, teniendo en cuenta su edad y madurez. De este modo, reivindican que las menores puedan recibir asistencia adecuada conforme a su discapacidad y edad, en igualdad de condiciones con las demás niñas y niños
. Es necesario dar a conocer el mundo de la discapacidad con perspectiva de género, sobre todo en el mundo rural. Es tremendamente interesante ver que más allá de las cosas cotidianas que nos ocupan tenemos objetivos comunes con países de nuestro entorno y de más allá del océano.


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