Miedo al miedo

Al cierre de esta edición existen en España 33 casos confirmados de coronavirus. De todos los infectados, tan solo uno permanece en estado grave, un hombre de 77 años ingresado en la UCI del Hospital de Torrejón (Madrid). Decimos “al cierre” porque los epidemiólogos ya han confirmado que el incremento de casos en apenas unas horas pone de manifiesto que el virus ha campado a sus anchas por España durante varios días sin ser detectado.

El ratio entre infectados y fallecidos es muy bajo, pero eso no evita que se esté desencadenando una ola de pánico muy perjudicial para la economía. A la cancelación prematura del World Congress Mobile en Barcelona le ha seguido la suspensión de los encuentros deportivos en el norte de Italia, los carnavales venecianos, y más recientemente, la conferencia anual de Facebook o la convención del Salón del Automóvil en Ginebra. Cancelaciones que suponen nada en comparación a los cientos de vuelos que no han despegado y hacen temer un descalabro de la economía todavía mayor. Italia, por su parte, está cambiando de estrategia porque las pérdidas por el miedo al coronavirus son multimillonarias.

El IBEX perdió hace un par de días más del 4% en una sola jornada situándose por debajo de los 8.600 puntos, cuando hasta hace muy poco sobrepasaba los 10.000. Si la bolsa entra en pánico es reflejo de que la confianza empieza a resquebrajarse, y eso, para una economía, es el peor escenario.

No es la mayor epidemia que hemos sufrido, pero sí es la que más rápido está propagando el pánico. Por varias razones. Quizá la primera, el origen de la epidemia, China, y las imágenes que nos llegaban de una sanidad sobrepasada y una población casi en estado de sitio. Al terror generalizado ha contribuido las ‘fake news’ de aquellos que nos hacían pasar por buenas imágenes que nada tenían que ver con el virus en cuestión. Pero el miedo es libre. Y el miedo al miedo es algo contra lo que difícilmente podemos luchar.

Cartelitos pegados en los escaparates de las farmacias evitando la molestia de entrar a preguntar: “Mascarillas agotadas”. Amigos que tosen por un resfriado común y son tratados como apestados y la incertidumbre si alguien de nuestro entorno puede ser portador asintomático.

El Ministerio de Sanidad no descarta controlar las aglomeraciones de público si el contagio comunitario no decrece durante los próximos días. Imagínense ustedes el miedo al miedo que puede propagarse. Porque cuando controlemos el virus y encontremos una vacuna o desaparezca motu proprio, alguien tendrá que poner en cuarentena nuestra economía. Y la de Cáceres no goza de mucha salud.

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