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Si te viera Schopenahuer /
SERGIO MARTÍNEZ

Lo que ha pasado estos días pasados con el presidente del Gobierno de Extremadura, José Antonio Monago, a raíz de sus viajes a Canarias cada quince días a costa del erario público podría ser perfectamente un guión de Almodóvar , o incluso, de Terry Gilliam. Ya lo escribiera uno u otro, lo cierto es que toda esta situación es surrealista y que se trata de un error político del entonces senador, y ahora presidente, mayúsculo y,  que aunque él no quiera, le pasará factura. Por ahora Monago, lo niega, pero todo en este asunto suena mal para un político que abanderaba la  permisividad cero con los corruptos.

Y para colmo mientras yo escribo estas líneas, el Partido Popular  comienza un congreso de buenas prácticas de gobierno en Cáceres. Ver para creer.  El partido de Caso Andratx, Caso Arcos, Caso Baltar, Caso Bon Sosec, Caso Brugal, Caso Bárcenas, Caso Cooperación, Caso Fabra, Caso Faycán, Caso Funeraria, Caso Gürtel, Caso La Fabriquilla, Caso Palma Arena, Caso Rasputín, Caso Troya, Caso Umbra, Caso Zamora, Caso de la Ciudad del Golf, Caso del Lino, Caso facturas, Operación Púnica y Plan Rabasa, dando lecciones de buen gobierno.

Lo mejor de todo es que las jornadas las inaugura Carlos Floriano, que en toda su carrera no ha estado en ningún cargo de responsabilidad municipal ni regional ¿Y luego todavía se preguntan por qué del desencanto de los ciudadanos con la clase política y al ascenso de Podemos? Supongo que las intervenciones de Monago y Rajoy subirán el listón, vista la experiencia del primero y la contundencia del segundo en casos de corrupción. Igual hasta aparece Jaume  Matas que ya tiene los fines de semana libres.

Ser senador en España es un chollo hoy en día

Pero volvamos al Caso Monago y sus viajes. El error de cálculo del ahora presidente es tremendo. Puede que por entonces no se viera nunca  como presidente extremeño, pero su fallo es ineludible y su responsabilidad sería afrontarlo con madurez. Pedir disculpas, devolver el dinero y que los extremeños valoren sus acciones en las urnas.

Pero hay un problema de fondo del que no se habla y que es mucho más dañino para la salud de la democracia española, y es la impunidad de los senadores y la inutilidad de su trabajo según se plantea la institución actualmente. Su disolución sería una gran noticia porque la clase política española ha convertido la institución en un cementerio de elefantes que aportan poco y, que gozan de unos beneficios inmorales en la España de hoy.

Ser senador en España es un chollo hoy en día. Significa cobrar como mínimo 2.813,87 euros, que es el sueldo base. A esa cantidad, hay que sumar dietas, ayudas y otra serie de complemento como gastos por alojamiento de  1.823,86 euros. Significa no pagar ni un billete de avión y tener 250 euros al mes para taxis. Además,  el Congreso les sufraga un plan de pensiones, da  ayudas de más de 1.000 euros por gastos de representación, 150 euros al día por viaje al extranjero o  120 euros si el viaje es dentro del territorio nacional, Adsl  gratis en su domicilio, Ipad y Iphone gratis.  Y lo mejor, es que todo esto se puede compatibilizar con varios sueldos públicos.

¿De verdad es necesario todo esto a costa del dinero público para que los partidos políticos tengan un lugar para premiar a miembros de sus partidos? La respuesta es clara: no es necesario porque se ha demostrado por activa y por pasiva que no sirve de control al congreso y su finalidad territorial está totalmente desdibujada.


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