Leyenda. Alonso Torres

Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

Cierto amigo mío (Juan Sánchez-Escobero) comparte en las redes sociales cada dos por tres artículos de Agustín García-Calvo, filósofo, ensayista, libertario, autor teatral, inconformista y que de haber nacido en Francia, por ejemplo, tendría (habría tenido, que ya la ha espichado) más predicamento en radio y televisión que Sollers (que en realidad solo es un tocagüevos culto), pero como nació, don Agustín, en esta Mater Dolorosa que es España, ¡pues eso!, que en vida fue visto como una rara avis al que se le dejaba decir lo que decía porque era el momento apropiado (había que ir de yeyés modernos, que luego vendría lo del “pelotazo urbanístico”) y porque ni titiriteros ni cantantes eran acusados entonces por la fiscalía de terroristas; digo, que leyendo uno de esos artículos que mi amigo comparte en Facebook (para unos “caralibro”, “facebú” para mí), recordé cierto viaje a Sevilla…

Lo que me estaba comiendo literariamente hablando, “Jerry of the Islands”, de London

(otro amigo, Fran Franco, dice que Híspalis es “el centro del mundo”; okey, lo puedo llegar a entender, y además, históricamente, Sevilla fue “el Cabo Cañaveral” de la época), digo, que recordé cierto viaje en tren a Sevilla para visitar a mis tías, y durante el trayecto de ese tren ya inexistente, El Ruta De La Plata, ligué; era apenas un pipiolín de quince años (como aquel capitán intrépido de quince años de Julio Verne) y ella era una mujer.mujer (llevaba blusa blanca con “caída”, era de seda, o así lo quiero rememorar, pantalones ceñidos de cuero negro y botas vaqueras), ambos leíamos y estábamos ubicados la una frente al otro (yo iba a favor de la marcha del tren). No sé lo que ella tenía entre manos, pero yo sí que recuerdo, aunque luego haya mentido al respecto, lo que me estaba comiendo literariamente hablando, “Jerry of the Islands”, de London; y me miró, y me sonrió, y me sonrojé, y ella me preguntó, antes de poner el pie en mi asiento, que qué leía, y luego me invitó a tomar algo en el bar del tren, y luego todo adquirió, para mí, el color de la leyenda (perdón por la cursilería)… pero el que digo que leía cuando me pasó lo del affaire del tren Ruta De La Plata (porque a lo peor encuentro que el de London es de poco calado, y que por ello me perdone Agustín Gallardo) es, “Escúchanos, Señor, desde el cielo, tu morada”, y solo por ese título, ¡joder!, que es el inicio de una oración de los pescadores de la Isla de Man, debería estar en todas las estanterías del mundo.

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