La amistad y la palabra
Enrique Silveira

Marco Porcio Catón, más conocido por su sobrenombre, Catón El Viejo, fue un conocido miembro de la sociedad romana de finales del siglo III y parte del II. Desempeñó innumerables cargos tras concluir su trayectoria en la vida militar, condición indispensable para poder medrar en el mundo de la política. Participó en la Segunda Guerra Púnica en la que padeció los embates del peor enemigo de Roma, Aníbal Barca, y por ello desarrolló una especial inquina hacia Cartago; esa animadversión se vislumbraba en todos sus discursos que siempre concluían con su famosa expresión Ceterum censeo Carthaginem esse delendam (Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida) con la que consiguió el inicio de la tercera y definitiva guerra contra los antaño competidores de Roma que supuso su desaparición.
En verdad, las grandes conquistas requieren esfuerzos titánicos y una determinación que no muchas personas poseen. En época de guerra, la fuerza de las armas consigue vuelcos inusitados en poco tiempo; durante la paz, se tarda más, pero los empeños para mejorar la existencia de las personas no deben diferir mucho en cuanto a vehemencia de aquellos si se desean cambios verdaderamente significativos.
Carmen y Manuela son dos profesoras que realizan su labor en el mismo colegio concertado, aunque como su caso existen otros muchos, sin duda demasiados. No se dejan llevar por los melindres a la hora de reconocer su edad: ambas cumplirán durante el 2021 los 66 años. Todas las mañanas afrontan sus obligaciones laborales con una gallardía que muchos quisieran tener; cumplen a rajatabla con las exigencias que tutelan sus esfuerzos y que permiten jornadas lectivas inacabables; lidian cada jornada con la extenuante labor de formar adolescentes a los que cada vez entienden menos y comparten sala de profesores con las nuevas hornadas de docentes tan jóvenes que podrían ser sus nietos; retornan a sus casas cada día más cansadas y apenas consiguen reponer las fuerzas para reiniciar al día siguiente esta ardua labor que casi todos reconocen como incompatible con ciertas edades. ¿Te sorprendes lector?, ¿no sabías que los profesores de la concertada no pueden jubilarse antes?, ¿tampoco sabías que ni siquiera pueden acogerse a una jubilación parcial para mitigar la dureza de sus últimos años de trabajo? Pues tras décadas de lucha para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores esta es la tristísima realidad.
Estas dos mujeres sufren un doble desatino; por un lado, a pesar de tener la titulación universitaria preceptiva, tardaron en incorporarse al mercado laboral porque se encargaron de sus hijos (sí, también son madres) por eso de que la mujer asumía por entonces esas responsabilidades sin apenas discutir, lo que ha provocado una menor cotización que incide

en las condiciones de su jubilación; por otra parte, en nuestra Comunidad Autónoma no existe un acuerdo de jubilación parcial para que estos últimos años sean más llevaderos para Manuela y Carmen – claro, lector, en la mayoría de las comunidades existe, pero vivimos en Extremadura- y que cuando abandonen definitivamente su carrera docente no les deje un residuo amargo porque no pueden olvidar sus asfixiantes últimos cursos como profesoras. FSIE es el único sindicato que de verdad defiende a la Enseñanza Concertada. Nos parecemos un poco a Catón porque no dejamos pasar ningún encuentro con las autoridades educativas para recordarles que la jubilación parcial es una emergencia social y que su ausencia empobrece de manera vergonzosa a una sociedad que se jacta de los logros sociales, pero que mira para otro lado cuando se trata de la mejora de los sectores olvidados.

Catón abogaba por la destrucción de sus enemigos; FSIE desea ahondar en la paz solicitando medidas urgentes que impidan un final de vida laboral como el de Carmen y Manuela y por ello hemos sustituido el Delenda Carthago est? por ¿Ha sido aprobada ya la jubilación parcial?

Catón consiguió lo que promulgaba; FSIE seguirá insistiendo con la tozudez del reconocido romano porque su lucha se antoja indispensable: por un sistema educativo mejor, por una sociedad más justa.

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