©UNICEF/UN0602381/Ralaivita

El hambre en el mundo alcanzó a 828 millones de personas en 2021 y se aleja de su objetivo de acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas en 2030.

Este problema, que ya se enfrentaba a los recortes presupuestarios de la pandemia, se ha agravado por el alza de los precios de los alimentos por la guerra de Ucrania. El conflicto armado entre dos de los mayores productores mundiales de cereales básicos, semillas oleaginosas y fertilizantes, está perturbando las cadenas de suministro internacionales y provocando un aumento de los precios de los cereales, los fertilizantes y la energía, así como de los alimentos terapéuticos listos para el consumo destinados al tratamiento de la desnutrición grave infantil.

Este alza de precios amenaza con sumir al mundo en una crisis alimentaria que afecta directamente a todas las familias del mundo, pero sobre todo a las personas que se encuentran en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave. Para ellos, la desnutrición aguda grave es la forma más letal de desnutrición y una de las principales amenazas para la supervivencia infantil, ya que 1 de cada 5 muertes entre los niños menores de 5 años se atribuyen a esta causa.

¿Qué es la desnutrición?

A menudo se confunde la malnutrición con la desnutrición, pero no son lo mismo. La malnutrición se refiere al efecto en las personas de una alimentación nutricionalmente inadecuada, en la que faltan o sobran ciertos nutrientes provocando efectos negativos en la salud y el desarrollo. Aquí estaría incluida la desnutrición, pero también otros como el sobrepeso o la obesidad.

Por su parte, la desnutrición se produce por deficiencias de nutrientes y/o micronutrientes, y afecta gravemente a la supervivencia y el desarrollo infantil. La carencia o escasez de alimentos suficientes y adecuados, por supuesto, es una de las causas, pero hay otras como la falta de agua y atención sanitaria, el bajo nivel educativo de las madres y padres y, en último término, la pobreza. Por ejemplo, una nutrición inadecuada de la madre durante el embarazo influye a su vez en bebés que nacen con bajo peso y alta probabilidad de estar desnutridos. Así, casi la mitad de las muertes de niños entre 0 y 5 años están relacionadas con la desnutrición.

Todos los niños y niñas tienen derecho a una nutrición adecuada y a desarrollarse sin que la malnutrición amenace su salud y sus vidas. En palabras de la directora de UNICEF, Catherine Russell, “la magnitud sin precedentes de la crisis de desnutrición requiere una respuesta sin precedentes».

Debemos redoblar nuestros esfuerzos para garantizar que los niños y niñas más vulnerables tengan acceso a dietas nutritivas, inocuas y asequibles, así como a servicios de prevención, detección y tratamiento tempranos de la desnutrición.

«Con la vida y el futuro de tantos niños en juego, este es el momento de intensificar nuestra ambición por la nutrición infantil y no podemos perder el tiempo”.

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