Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

Las horas de convalecencia en la austera enfermedad transcurren con la lentitud del caracol parsimonioso.

La serenidad de la paciencia evita las fuertes mordeduras de las sierpes del dolor y las molestias que provocan en el ánimo apresado por la cama hospitalaria.

Las horas del hospital son horas enmarañadas de recuerdos, interminables. Una cura de humildad para los soberbios que se creen inmortales y por siempre invencibles.

Y mientras las serpientes reptan sigilosas sobre el cuerpo magullado y dolorido del enfermo en aflicción, la vida discurre monótona haciendo inventario de lo transcurrido, dando valor a la sencillez de cada momento, mientras la sanación asoma con timidez en el horizonte de la esperanza para retornar al dinamismo de un pasado ahora convertido en un futuro dibujado en deseos de existencia.

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