Historias de Plutón /
José A. Secas

Todos tenemos una vocecita dentro que nos habla: nuestro Pepito Grillo, la voz interior, la voz de la conciencia, The Angel-Devil Brothers o el simple pensamiento y discurrir mental que tiene uno mismo cuando le da a la devanadera de los sesos o, lo que otros llamarían, tu propio mecanismo. Aunque no queramos, vamos a pensar. Aunque no queramos pensar, estamos pensando en que no queremos pensar y, por lo tanto, estamos pensando. Suena a trabalenguas perogrúllico de tres al cuarto pero es una gran verdad. Cuando piensas mucho en algo, obsesivamente, recurrentemente, comecocosamente y te lías, vuelves al principio (y al final) una y otra vez, te obsesionas, no duermes, no se te va (lo que sea) de la cabeza, te sueñas y te sorprendes a ti mismo pensando en “eso” cuando deberías estar pensando, por ejemplo, en lo que te traes entre manos; cuando sufres este mal, ya te digo yo que te lo mires; bien sea tú solito o con ayudas y terapias varias porque así no vas a ninguna parte, compañero. Que tienes un problema: busca solución. Eso sí, cambia la palabra “problema” por “reto” y lo verás de un modo más constructivo. Ándele.

Cuando te habla la vocecita del cochino (o dulce) pensamiento, lo hace en tres términos. Normalmente hacemos caso repetidamente a dos de ellos, los más fáciles y más incrustados en nuestro modo de ser: el “tengo” y el “quiero”. Cuando piensas en “tengo que”, el que te habla es tu padre, la autoridad, lo conveniente, lo correcto, el temeroso y conservador sentido del deber. El “tengo” está anclado en el pasado y allí debería de haberse quedado porque esa fórmula pudo funcionar para otro y en otro tiempo (hablando de afrontar retos, digo) pero ha cambiado la persona, el tiempo y el espacio; vamos que no vale para nada.

Cuando tus pensamientos te dicen “quiero”, te estás proyectando hacia el futuro (que no ha llegado y no existe) y está saliendo a relucir ese niño que todos llevamos dentro. Ilusionado (o iluso), caprichoso o antojadizo; quizás con un matiz interesante y ciertamente estimulante y vivificador de ambición, de deseo y de proyección; pero esa realidad tampoco está aquí. Los pensamientos que discurren permanentemente por el “quiero” tampoco están viviendo la vida. No digo que no sea bueno hacer planes o ponerse objetivos, no; lo que quiero decir es que esa actitud hacia el futuro ha de ser consciente y anclada en el presente. Si o si.

Y ahí vamos con la tercera vocecita: la que te habla a ti (como las otras), para ti, en ti y desde ti mismo -topati-, la que sale del alma y le habla a tu persona con absoluta consciencia y claridad: el verdadero yo que conecta con el momento presente; por otro lado, lo único que existe, la verdadera vida, lo que está pasando ahora. Tú mismo y ahora mismo. Eso es lo único que tienes y que es verdad y realidad. En ese momento, coges a la vocecita y te la traes a este plano y te dices a ti mismo eso: soy consciente, soy real, soy yo, estoy aquí, huelo, toco, saboreo, respiro, veo, oigo, siento, vivo y pienso; vamos que si pienso, un montón, todo el rato. Pero, mira, como que me siento mejor sabiendo lo que hago y poniendo los pies en la tierra, saliendo del buche y parándome para disfrutar de la vida que no es otra cosa que lo que te está pasando a ti ahorita mismo. Añado: a ese presente consciente solo le cabe barnizarlo de amor para que sea el perfecto caldo de cultivo de la felicidad que es lo que todos estamos buscando y a lo que hemos venido a este mundo, ¿que no?

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

This site uses Titan Security to reduce spam. Learn how your comment data is processed .