Marcelo Muriel
Ingeniero Industrial

En todo periodo de crisis se repiten una serie de reacciones que originan un entorno de incertidumbres en el que resulta muy difícil acertar con las medidas que hay que adoptar para enfrentarse a e ellas.

La crisis actual ha supuesto además la paralización voluntaria de la economía en su casi totalidad. Cabe preguntarse; ¿y ahora qué pasará?, ¿como se comportarán los consumidores?. Los sectores que están en contacto directo con sus clientes finales reciben inmediatamente, para bien o para mal, la respuesta de sus clientes y deben tomar medidas inmediatas para hacerles frente. En el sector industrial las cosas suceden de forma menos transparente, el sector del automóvil es un ejemplo muy significativo porque su cadena de suministro se alarga hasta tres y cuatro niveles. Los fabricantes de vehículos responden a los pedidos que les llegan de la red de Concesionarios, sus proveedores suelen suministrarles subsistemas tales como: dirección, frenado, combustión, etc., y estos, a su vez, se aprovisionan de fabricas de componentes como es el caso de Catelsa Cáceres.

Cuando llega una bajada de demanda, en esta ocasión durante los meses de Pandemia el mercado no ha existido, todo el mundo anula sus pedidos y las cadenas de producción se paralizan, quedando en los almacenes unos stocks a la espera de la salida de la crisis. Cuando el mercado se vuelve a activar no se conoce muy bien el nivel de demanda que este tendrá, razón por la que se adopta una posición prudente y antes de pasar nuevos pedidos se opta por utilizar las existencias que quedaron en stock. Ese proceso se repite en cada uno de los distintos niveles de la cadena de suministro, de forma que durante un primer periodo se consumen las existencias de todos ellos. Cuando el mercado empieza a normalizarse los proveedores del primer nivel lanzan pedidos con un volumen que adiciona a la demanda real la reconstitución del stock consumido. Este efecto se ve amplificado en cada uno de los niveles de la cadena de suministro, de forma que lo que le llega al último escalón no es la realidad sino la estos dos factores. Llegan por tanto a las empresas que se encuentran al final de la cadena de valor datos contradictorios, por una parte informes de un mercado que no acaba de volver a los niveles anteriores a la crisis, y por otra, un volumen de pedidos que hace pensar que la situación está totalmente normalizada. Lo peor de todo es que ambas informaciones son reales y no se puede dejar de atender los pedidos que sus clientes les pasan porque si no puedes perder al cliente en un momento crítico en el que se están jugando el futuro. ¿Qué hacer en situaciones como esta?

La única solución se llama FLEXIBILIDAD. Se que es difícil pedirle a unos trabajadores que temen por la perdida de sus puestos de trabajo que confíen en lo que las empresas les proponen, que es trabajar a tope cuando los pedidos están ahí y volver a reducir la capacidad si la demanda final no llega a estabilizarse, pero es la única solución. Lo peor que se puede hacer es bloquear a una empresa a que mantenga un nivel de ocupación rígido ante una situación de inestabilidad total. SOLO LAS EMPRESAS FLEXIBLES SALEN FORTALECIDAS DE LAS CRISIS.

No conozco en profundidad la situación real de Catelsa Cáceres, pero por las informaciones que me llegan no veo un termino medio en ninguna de ellas. Junto a la opinión de algunos de que la empresa está en una situación comparable a la que precedió al cierre de otras como Waesterbash o Induico, hay algún sindicato y parte de los trabajadores que piensan que el repunte de los pedidos a la vuelta de vacaciones es señal de que no hace falta tomar medidas, resistiéndose a llegar a acuerdos cara al futuro, y negándose a negociar un modelo flexible que permita ir adaptando las capacidades de producción a una demanda que seguirá por algún tiempo siendo errática y oscilante.

En estas situaciones, si las autoridades políticas quieren ayudar realmente a las empresas deben evitar dictar normas que rigidicen los contratos laborales. Los puestos de trabajo no se crean por decreto, sino consiguiendo que sea tu empresa, y no la competencia, la que haga frente a la actividad económica que se vaya generando, y para ello es necesario tener una estructura flexible que aproveche los picos de demanda.

Catelsa Cáceres tiene musculo ya demostrado en sus cuarenta y dos años de vida y varios periodos de crisis superadas para bandearse bien en estas aguas turbulentas, pero existe el riesgo de que una minoría, confunda a la mayoría con el señuelo de que lo mejor es oponerse a las proposiciones de la empresa llevándola a callejones sin salida en los que siempre saldrá dañada su imagen y posibilidades de seguir innovando en Cáceres otros cuarenta años mas.

Espero que se retome la senda del diálogo y la negociación como así ha sido hasta ahora, y desde los círculos políticos y sindicales se ayude a crear este clima. Para seguir adelante Catelsa Cáceres no reclama ayudas financieras, lo que necesita es FLEXIBILIDAD.

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