Lunes de papel /
EMILIA GUIJARRO

Estamos tan preocupados por lo que pasa en nuestro quehacer cotidiano que apenas reparamos en el reguero de muertes silenciosas que acontecen cada día.

Tengo que pagar la hipoteca. Me ha subido la tensión. Tengo que ponerme a dieta. Otra vez ha subido el recibo de la luz. ¿Le concederán la beca a mi hijo?

Nos sentamos delante del televisor y nos dejamos adormecer por el murmullo de las voces y los ruido que salen de la pantalla.

Pasan ante nuestros ojos las imágenes de aviones perdidos, de manifestaciones callejeras, vemos las marchas movidas por las conciencias ciudadanas.

Van diecisiete mujeres muertas y apenas nos hemos dado cuenta de la macabra cifra

Pero también las voces chillonas de los que nada dicen y lo dicen todo para que no digamos nada: Y seguimos metidos en nuestra crisálida, y contamos una, dos, cinco, doce, diecisiete…

Van diecisiete mujeres muertas y apenas nos hemos dado cuenta de la macabra cifra. A unas las han matado a tiros, a algunas a golpes, a otras a cuchilladas, no ha faltado a l a que han estrangulado. Formas variadas en este rosario de maneras de matar.

Una son jóvenes, apenas niñas, otras maduras y algunas muy mayores, las hay españolas y extranjeras… Han muerto en el norte y en el sur, en aldeas y ciudades. En el campo y en las playas. En el mapa del machismo no falta nada.

Pero seguimos en nuestro capullo, adormecidos por los ruidos, seguimos en nuestra pasividad, nosotros y el gobierno, que mira para otro lado desde el territorio de la indiferencia.

Cuando algunas noches veáis en las escaleras del Ayuntamiento de nuestra ciudad un pequeño grupo de personas apenas iluminadas por la luz de unas velas, y sean las ocho de la tarde, sabed que otra mujer ha muerto y que esas personas quieren denunciar lo que pasa y recordar, en un velatorio simbólico, que el machismo sigue matando.

 

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