Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

En cada requiebro de piedra, en cada línea de ocres que revisten la ciudad hay un ángel que vigila con esmero y silencioso la existencia y la armonía de las calles sosegadas. El ángel de las murallas envía brisas de paz sobre las callejas y plazas cerrando las heridas de las luchas del pasado. El ángel de los recuerdos atesora los hechos allí vividos, no solo los más relevantes sino también los más ocultos en el olvido. El ángel de los rincones recorre todas las vías refrescando la memoria de las casas y palacios. El ángel del paseante despliega por cada calle las brisas del sentimiento que aguarda en el empedrado la llegada del viajero para transmitirle con fidelidad el embrujo del ayer. El ángel de las sombras riza la madrugada recogiendo los deseos, las nostalgias, los pesares y las esencias de los sueños. El ángel que porta el alba renueva las esperanzas y regala a la ciudad la bendición impagable de la vida desplegada. Y el ángel de la nostalgia mantiene vivo el recuerdo de los desterrados siglos atrás, cuyas almas aún transitan pesarosas y en silencio por las plazuelas encantadas de la vieja judería.

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