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La abdicación de Juan Carlos I y la subida al trono de su hijo, el ya rey de España Felipe VI provocó que surgiera el debate en torno a los privilegios de su figura, toda vez que ya no ostentara el mando supremo de los ejércitos de España, esto es, que cambiara sus recepciones oficiales por paseos de jubilado. Los grupos parlamentarios se apresuraron a aprobar el aforamiento de Juan Carlos I en contrapartida a los años de servicios prestados. De esta forma defendió Rajoy la importancia de proteger su figura. ¿Pero que es exactamente “aforamiento? ¿Qué significa? ¿Qué beneficios conlleva estar “aforado?

El diccionario dice que aforado es aquel que goza de fuero, que proviene de la palabra latina “fórum”, que hace referencia al ágora o plaza pública, lugar de reunión de filósofos y pensadores. Más concretamente, una acepción más específica define “aforamiento” como aquella competencia jurisdiccional que corresponde a ciertas personas por razón de su cargo. Esto es el “fuero parlamentario”. En cristiano: el derecho que tienen ciertos cargos públicos a ser juzgados por un tribunal diferente que no tiene por qué aplicar las leyes ordinarias del común de los mortales. Esto provoca que se vulnere el principio de igualdad que promueve la Constitución Española, nuestra carta magna que rige la convivencia en este país.

La cosa no acaba estrictamente en una consideración diferente, privilegiada, ante la ley, sino que los aforados españoles disfrutan de inviolabilidad e inmunidad. Por lo primero, no pueden ser acusados por las opiniones emitidas en su función parlamentaria, y por lo segundo, no pueden ser detenidos ni retenidos, salvo que sean sorprendidos en flagrante delito. Pero lo más grave del asunto es que si van a ser juzgados se precisa la aprobación del resto de la Cámara, los que vienen a ser sus compañeros de trabajo, ya sean diputados o senadores. Ahora pueden entender por qué una imputación no conlleva el abandono de su escaño, porque mientras estén sentados mantienen su protección. Y así nos va.

Por tanto, Rajoy tiene razón cuando dice que en este país hay demasiados aforados como para llevarnos las manos a la cabeza por uno más, y mucho más si ha sido Rey.

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