Desde mi ventana /
Carmen Heras

Conocí Cáceres de la mano del que luego sería mi marido, en Salamanca. Yo tenía 17 años. Él llegó con una serie de postales de los lugares privilegiados de la parte antigua que a mí me deslumbraron. Impresión especial me produjo el Aljibe y la inteligencia de quiénes lo construyeron.

A la vuelta de mi viaje de Fin de Carrera a Marruecos entré en Cáceres por primera vez. Las paradojas de la vida hicieron que el autobús que nos transportaba entrara en la Plaza Mayor, una plaza diferente de las que estaba acostumbrada a transitar en Castilla, tan rectangulares, tan organizadas, aquellas, pero aún así hermosa en su amplitud. Subí por la calle Pintores, entre la gente que transitaba por allí, hasta la Avenida Virgen de la Montaña y ese fue mi primer reconocimiento de una ciudad a la que tanto he amado. Yo tenía veinte y pocos años.

Para cuando tuve el honor de ser elegida Alcaldesa de Cáceres ya tenía configurada en mi cabeza una idea clara de cómo podía ayudar en su progreso y desarrollo. Conversaciones interminables con los verdaderos agentes de cambio de un lugar me habían enseñado las múltiples posibilidades que ofrece la zona, la situación geográfica, el patrimonio, las buenas comunicaciones…Entre otros, me impulsaba mi marido, amante de su tierra y sus orígenes, cacereño de pro. Yo, había tenido contacto con otras personas de otros lugares de España, como Diputada en el Congreso, y era muy consciente de que cada lugar tiene sus referencias y siempre algo qué enseñar.

Trabajé en la Alcaldía, junto a mis colaboradores, con una ilusión sin límites. Todo me parecía poco, en lo doméstico y en los planes de futuro, escuché propuestas, intenté mejorar la vida de los conciudadanos. Pero aprendí que las normas que rigen la organización municipal hay que respetarlas con todos sus recovecos y prevenciones, aunque pensase que algunas de ellas deberían cambiarse a través de las leyes generales. Algo que no entra en las competencias de ningún Alcalde.

Cualquiera que llega a la máxima responsabilidad en un Ayuntamiento recoge una determinada herencia y esto debieran reconocerlo los ciudadanos. Recoge una ciudad organizada de un modo determinado, unos permisos y licencias dados, incluso unos establecimientos permitidos por anteriores corporaciones. Y con ello debe bregar. En mi humilde entender, los contextos, las circunstancias, los procedimientos y los recursos intervienen en los problemas y en sus posibles resoluciones. Obviarlos y olvidar la historia anterior conduce a imprecisiones y olvidos imperdonables, acotar unos años de toda una situación pareciera demasiado subjetivo.

He amado mucho a Cáceres. Hoy, me acuso de ello.


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