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Y una más querida España

Si te viera Schopenhauer /
Sergio Martínez

El pasado 7 de junio un chaval de 24 años, Alejandro Fernández, entraba en la cárcel de granada llorando a moco tendido mientras se despedía de su familia. Su delito, una compra de 79’20 euros seis años atrás en un establecimiento de Málaga mediante una tarjeta falsificada que le proporcionó -dice- quien entonces consideraba su amigo.

Las movilizaciones y apoyos en su favor no sirvieron para nada. Un error que cometió con 19 años le ha condenado a vivir seis años de su vida privado de libertad. Sin duda, un pena desproporcionada.

El pasado jueves, sólo, sin familia, sin llantos y guiñando un ojo a la prensa Iñaki Urdangarin salía de la sección primera de la Audiencia Provincial de Baleares. La misma sala que había acordado minutos antes dejar en libertad sin fianza a Iñaki Urdangarin y que, por ahora, solo le obliga a comparecer el día 1 de cada mes ante la autoridad judicial de Suiza, el país en el que reside actualmente. El esposo de la infanta Cristina podrá esperar en libertad el fallo definitivo del caso Nóos, y por ahora, a diferencia de Alejandro.

El desenlace del Caso Noss, dibujado con la inocencia de la Infanta y la suerte del Duque, demuestra la justicia es igual para todos, pero más igual para unos que para otros. Y si esto lo unimos con las tenues condenas recibidas por Rato y Blesa por el caso de las tarjetas black o las muy que sospechosas últimas decisiones del fiscal general del Estado, José Manuel Maza, de no renovar a determinados fiscales jefes, especialmente en la Audiencia Nacional o al fiscal superior de Murcia, la separación de poderes de nuestra democracia queda en muy mal lugar,

Ya otro día hablamos de la bondad y complacencia del gobierno de Mariano Rajoy con los corruptos y de si su amigo Pedro Antonio Sánchez cumple su palabra y dimite de una vez.

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