Mi ojito derecho
Clorinda Power

Ayer tuve una reunión con mi jefe para fijar los objetivos anuales de performance cuyo seguimiento y consecución determinarán mi bonus cuatrimestral. Parece una cosa muy pija porque es una cosa muy pija. En este tipo de reuniones se suele hablar de buenas prácticas, de productividad y de proactividad, que se traducirán convenientemente en dinero con el que vivir un ratito por encima de tus posibilidades. El ambiente reinante durante estas reuniones, como no podía ser de otra manera, es de un buen rollo que te cagas. Tanto que una sale del despacho acristalado del jefe –por aquello de la transparencia¬– con un montón de billetes imaginarios en el bolsillo y ganas de poner en práctica toda esa productividad.

Lo natural es pensar que Rajoy también salía del despacho de Bárcenas con un montón de billetes

Así me imagino yo las reuniones en el despacho de Bárcenas de la sede del PP en la calle Génova, pero con billetes de verdad. Y no debo andar muy desencaminada después de que la sentencia del juicio contra la Gürtel confirme que la corrupción en el PP estaba institucionalizada, es decir, que el despacho de Bárcenas bien podía tener paredes de cristal y la puerta permanentemente abierta, porque lo que se gestaba allí dentro, estaba tan normalizado, que lo raro era no pasar por caja. Tan raro como que jueces y fiscal tachan de inverosímil la declaración de Rajoy (y la de Arenas, Álvarez Cascos, García Escudero) con la que niegan la existencia de una caja b.

Con la sentencia en la mano sobre la financiación irregular del PP, lo natural es pensar que Rajoy también salía del despacho de Bárcenas con un montón de billetes.

Hoy es día de cobro en la oficina y hace una hora que he recibido la nómina en mi email, donde se detalla el bonus mencionado, y quince minutos que el dinero está en mi cuenta del banco. Recuerdo la última vez que salí de un despacho con un sobre con dinero. Había 500 euros dentro junto a un papel mecanografiado donde se podía leer Concepto: Reparaciones varias. Cumplía un año como becaria y aquel fue el sobre número 12 que recibí como pago a mis ocho horas de trabajo diario. Después de aquello estalló la crisis, y yo dejé de recibir sobres. Yo salí adelante, ojalá Rajoy no pueda decir lo mismo.


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