Lunes de papel
Emilia Guijarro

La semana pasada leía en un periódico de tirada nacional la queja de unos padres de niños autistas que se habían quedado sin su neuropediatra en Ibiza, a raíz de la aplicación del decreto de imposición del catalán en la sanidad pública. La única especialista que trataba a estos pequeños pacientes había decidido autoexiliarse. No estaba dispuesta a invertir horas y horas en aprender una lengua después de tantos esfuerzos y años empleados en formarse en una materia tan especializada.

No es el único caso, contabilizan que más de catorce especialistas han decidido abandonar las islas por este problema. Ahora no hay recambios y el problema para las familias es angustioso. Una gran pérdida para la comunidad y para la igualdad dentro del sistema sanitario, que está obligando a tomar medidas apresuradas.

La normalización lingüística llevada a sus últimas consecuencias ha sido un poderoso elemento de discriminación en el País Vasco, en Cataluña y en Navarra

La lengua une, pero también separa y discrimina. Eso lo sabían muy bien los legisladores de la Revolución Francesa, cuando impusieron como única lengua, dentro de todo el territorio nacional, el francés, argumentando que, para la igualdad de los ciudadanos, era preciso una única lengua igualitaria y republicana para poderse comunicar entre si, conocer las leyes y entenderse con el Estado.

Por eso no es entendible que gobiernos autonómicos legislen en contra de los intereses de los trabajadores, restringiendo sus derechos e intereses. La internalización de los derechos humanos está fuera de toda discusión y la igualdad ante la ley entre ciudadanos de un mismo país se enfrenta a los nacionalismos excluyentes, en este caso al acceso a un puesto de trabajo.

La normalización lingüística llevada a sus últimas consecuencias ha sido un poderoso elemento de discriminación en el País Vasco, en Cataluña y en Navarra, amenaza que ahora se extiende a otros territorios, porque un trabajador público que tenga como único idioma el español nunca podrá optar a plazas de trabajo de esas comunidades autónomas, sin tener que aprender la lengua propia, mientras que un trabajador de esas mismas comunidades podrá, sin problemas, acceder a cuantas plazas se oferten en el territorio español.

Mientras estas razones laborales que tienen gran importancia pertenecen al ámbito de la reflexión, otras, como el caso de Carla y otros niños autistas de Baleares, no pueden seguir esperando.


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