La provincia ha incrementado sus Bienes de Interés Cultural (BIC) en el último año, en el que al menos cuatro localidades cacereñas vieron como alguno de sus lugares o inmuebles conseguía esta declaración, como ‘Las Corralás’ de Torrequemada, el ‘Arca del Agua’ de Guadalupe y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Acebo; o iniciaba los trámites para conseguirlo, en este caso el ‘Canchal de los Ojos’ de Alcántara.

Los tres primeros, por aprobación del Consejo de Gobierno de la Junta, fueron declarados BIC en 2017, el primero en la categoría de Lugar de Interés Etnológico y los otros dos en la de Monumento. Y en cuanto al ’Canchal de los Ojos”, daba un nuevo paso hacia su declaración, en la categoría de Zona Arqueológica, con la publicación de la resolución que incoaba dicho expediente.

‘Las Corralás’ de Torrequemada

Era declarado BIC “por su relevancia histórica, el interés de la técnica empleada en su construcción y su valor social”; y según destacó la Junta, este conjunto, que se localiza en la dehesa boyal de Torrequemada, “es ejemplo de la capacidad de la arquitectura tradicional de adaptarse al entorno haciendo uso de recursos escasos”, y muestra del uso de la técnica de la piedra seca, “que ha sido reconocida por la UNESCO por los conocimientos que transmiten los alarifes de generación en generación”.

Así, ‘Las Corralás’ constituyen “un complejo relevante dentro del patrimonio histórico extremeño”, por ser referencia de la arquitectura tradicional a la hora de configurar las características y la personalidad del paisaje genuino de Extremadura, la dehesa, “albergando un rico patrimonio que debe ser conocido, protegido y valorado”, se haría constar desde la Junta.

‘Las Corralás’ se encuentran muy cerca del núcleo urbano y “forman parte de la memoria colectiva de los vecinos de la localidad”, concluía el Ejecutivo regional.

‘Arca del Agua’ de Guadalupe

Este proyecto constructivo realizado en el siglo XIV, que tuvo sus orígenes a finales del XIII y conserva su uso en la actualidad, se declaraba BIC “por su antigüedad, peculiaridades y la existencia de elementos estructurales de su trazado conservados y en uso”.

Esta construcción, unida a la edificación y desarrollo del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, “tiene una especial importancia”, se indicaba desde la Junta, al tratarse del “único caso conservado de este tipo de equipamientos e infraestructuras ligadas al desarrollo económico de un gran complejo monacal”.

Además, se añadía, es una obra “de gran interés” desde el punto de vista de la historia de la ingeniería hidráulica medieval, “pues se diseña siguiendo un modelo de técnicas y soluciones constructivas ampliamente difundidas en el sur de Europa y en España a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna”.

Iglesia de Acebo

Declarada BIC en la categoría de Monumento por ser “considerada un ejemplo singular dentro de la arquitectura gótico-renacentista de Extremadura”.

En su construcción, entre 1508 y 1710, intervinieron maestros canteros y arquitectos como Antonio de la Puente, Francisco Hernández, Juan de Alvíz y, especialmente, Pedro de Ybarra, maestro de obras de la orden militar de Alcántara, que es el responsable de la magnífica torre y las trazas del coro.

En el interior de la iglesia se conserva, además, una “excelente colección” de obras de arte, destacando “como un bello ejemplo de la doctrina contrareformista tridentina, en la que predomina lo arquitectónico sobre lo ornamental” el retablo mayor, realizado en la primera mitad del siglo XVII por el arquitecto y ensamblador Alonso de Balbás, que diseñó otras obras relevantes como el retablo barroco de la catedral de Plasencia.

La iglesia ocupa una posición dominante en la trama urbana de Acebo, de tal manera que queda enmarcada por las estrechas callejuelas de su entorno, creando escenarios de gran belleza visual.

‘Canchal de los Ojos’ de Alcántara

Y hacia la declaración de BIC en la categoría de Zona Arqueológica avanza la ‘Peña Buraca’, también conocida como el ‘Canchal de los Ojos’, cuya resolución en la que se incoaba el oportuno expediente se publicaba casi concluido ya 2017.

Un pasado prehistórico dan algunos investigadores a la ‘Piedra Buraca’, un extenso asentamiento cuyos restos visibles ocupan una superficie aproximada de cuatro hectáreas, en el que abundan restos constructivos, tumbas, lagares…, entre los que destaca la piedra horadada que le otorga su nombre.

Son todos estos elementos asociados en torno a la ‘Peña Buraca’, y en especial la roca horadada de la que toma su nombre, los que confieren a este yacimiento una serie de valores histórico-patrimoniales merecedores de ser declarados BIC con categoría de Zona Arqueológica, un reconocimiento que supondría que cualquier intervención en la zona deberá ir encaminada a la protección, investigación, estudio y valoración.

En cualquier caso, que los posibles usos que se den a esta Zona Arqueológica y su entorno de protección deberán ser siempre compatibles con la conservación del espacio y, en ningún caso, alterarán su valor patrimonial.


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