El Festival Hortelaria, que se celebrará el sábado 25 de Noviembre en el Pabellón Teodoro Casado de Cáceres desde las 14.00 horas, tendrá un hueco para “la movida madrileña” con los insuperables e inclasificables ‘Un Pingüino en mi ascensor’, supervivientes del movimiento social y cultural de la historia reciente de España.

‘Un pingüino en mi ascensor’, grupo de pop nacido en los estertores de La Movida que ya acumula 30 años de historia, saltaron a la fama con canciones como Trabajando en la carretera, Atrapados en el ascensor o Espiando a mi vecina. Este dúo que forman José Luis Moro y Mario Gil, artífice de letras delirantes e ingeniosas, bañadas en ritmos de casiotone, serán el guiño a la movida que ha preparado Horteralia para esta edición.

El Festival, que espera reunir a más de 3.000 #hortefans de toda España los días 25 y 26 de noviembre en Cáceres, va poco a poco configurando el cartel para este 2017. Ya suma cuatro nombres: Karina, Ladilla Rusa, Papa Topo y, ahora, Un pingüino en mi ascensor; “y todavía quedan grandes sorpresas”.

Sin duda, consideran los organizadores, una octava edición “que va a ser épica”, pues con sólo cuatro nombres el cartel ya aúna un mito de la canción en España, como es Karina; uno de los grandes grupos de la movida, Un Pingüino en mi ascensor; una de las bandas mas importantes del electro pop en España, Papa Topo; y uno de los grande descubrimientos del año en las redes sociales, Ladilla Rusa.

Cabe destacar que Horteralia acaba de superar los 10.000 seguidores en Facebook, sumando entre esta red social e Instagram y Twitter un total de 13.000 seguidores, lo que le convierte en el festival de toda la provincia de Cáceres con más seguidores en el mundo virtual.

Y recordar, también, que las primeras 1000 entradas están ya la venta en ticketea.com, wegow.com, en la web del festival (horteralia.com) y en sus redes sociales a un precio de 12 euros; que cuando el cartel se desvele totalmente en las próximas semanas el precio subirá a 15 euros; y que el precio en taquilla será de 17 euros.

Sobre la última incorporación

Un pingüino en mi ascensor nace en 1985, cuando José Luis Moro (Madrid, 1965) decide mostrar al mundo las delirantes cancioncillas que había compuesto en la soledad de su dormitorio con la ayuda de su voz nasal y un teclado con ritmos Yamaha PSR 60. En ellas vuelca sus variopintas influencias: el punk, el tecno-pop, los anuncios de la tele…

En 1987 consigue atraer el interés de la discográfica DRO y sale a la calle su primer disco, un mini-LP de seis canciones que incluye el hit Espiando a mi vecina. A partir de 1988, Mario Gil (ex-Paraíso, ex-La mode, ex-Aviador Dro, ex-celente persona) se incorpora a la banda y Un pingüino en mi ascensor se convierte en dúo.

Hasta 1990 se publican otros tres álbumes más: El balneario (1988), Disfrutar con las desgracias ajenas (1989) y La sangre y la televisión(1990). Los éxitos se suceden y canciones como ‘Atrapados en el ascensor’, ‘El balneario’ o ‘Arqueología en mi jardín’ son coreadas en los numerosos conciertos que el grupo ofrece durante esos años.

En 1991, tras una serie de desencuentros con su compañía discográfica, Mario y José Luis deciden poner freno a su carrera. Siguen publicando discos, pero con mucha más tranquilidad. Así, en 1993 sale ‘En la variedad está la diversión’; en el 99, ‘Pingüimatic’; y ‘Piromanía’ en 2004.

Durante todos esos años, Un pingüino en mi ascensor continúa desarrollando una intensa actividad en directo, con especial frecuencia a partir del nuevo milenio. Han sido invitados a numerosos festivales, llegando también a visitar México, donde cuentan con una buena legión de incondicionales.

En 2014 lanzan su octavo disco, ‘Sex & drugs & Nasal pop’, que financian con un Crowdfunding al que contribuyen casi 500 seres humanos de excepcional buen gusto musical. Este año 2017, coincidiendo con el 30 aniversario de su primer disco, han publicado otro disco con las versiones que suelen hacer en directo: hits internacionales de los 80 a los que cambian la letra sin ningún respeto a sus autores originales.

Cumplido ese objetivo, ya solo les quedan dos sueños que cumplir: dominar el mundo y exterminar a todos los gaiteros.

 

 


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