Desde mi ventana
Carmen Heras

Las vacaciones, por su propia razón de ser, simulan un tiempo mágico. Pasados los dos primeros días, en lo que todavía hay un cierto remordimiento por no hacer lo acostumbrado, el cuerpo y la mente revierten a un nuevo estadio de acción en el que otras actividades se abren paso y llenan el tiempo de distintas percepciones. La percepción es una cualidad extraña: cambia según el que la tiene y permite modular los contornos de las situaciones “a gusto del consumidor”. Es algo así como las intuiciones, tan particulares en cada quien. El proceso de percepción que tiene tres partes: selección (captación de los mensajes según los propios intereses), organización (los estímulos seleccionados se organizan en la mente) e interpretación (los estímulos se interpretan de acuerdo a factores personales) a veces consigue desenfocar los asuntos. A aquellos con alta estima de si mismos les sirve para hacerles creer en la influencia de sus propios criterios en el desarrollo de los acontecimientos, en sujetos y acciones. En su capacidad para producir terremotos, aunque solo sean dialécticos. Por el contrario para los “enclenques emocionales” o para los “tristes” la percepción puede originar inestabilidades aún mayores, decaimientos y bajadas en las propias expectativas de actuación, o en los posibles triunfos, miedos y tristezas. En fin, un lío. El verano es un tiempo adecuado para observar estas cosas. El tener mucho tiempo libre (algunos) permite analizar tranquilamente las ocasiones, las conductas o las actitudes. De todo hay en la viña del señor. El que se encoge y el que se envalentona. El seguro de si mismo y el que no sabe estarlo. El que pisa con fuerza y el que siempre lleva “un saquito a la espalda” y “va a la rastra”. “Hay cosas que pueden ser verdad sin haber sucedido” – decía el tío Pepe con ingenio. Pues eso mismo digo yo, a veces la percepción lo es todo: el fundamento y la causa, aunque sean erróneas. Y así te sorprende una mirada conmiserativa de alguien que (para ti) está a millones de años luz de comprender su sitio en la tierra, pero que cree que haber nacido en un determinado lugar lo ha infundido de cualidades especiales con las que enjuiciar al resto de mortales que no han tenido tamaña suerte, o que el poder le pertenece. De la mano de las percepciones equivocadas llegan los prejuicios y estos se retroalimentan con aquellas. Y sin embargo ¡el mundo es tan amplio!. ¡Y tan plural! Con cabida para todos. ¡Caramba con la percepciones, vaya si confunden!


DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here