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Pantalla /
Eduardo Villanueva

No resulta demasiado apresurado afirmar que el cineasta Woody Allen ha muerto; profesionalmente, se entiende. Porque de un tiempo a esta parte solo entrega películas menores, que además son un refrito de su propia filmografía y que no aportan (casi) nada a la carrera de este excelente autor. Digo casi porque, por lo menos, sus películas no aburren demasiado.

Un cineasta que ha entregado un puñado de grandes obras, con guiones y diálogos brillantes, pero que ahora se torna rutinario, predecible y que incluso se ha convertido en mejor director que guionista. Su puesta en escena, está por encima de su libreto.

Todo esto se puede observar en la última película de Allen: ‘Irrational Man’, donde Joaquin Phoenix hace de Woody Allen y Emma Stone hace de Diane Keaton.

Solo a alguien que no conozca la filmografía del neoyorkino, y que tenga una cultura audiovisual escasa, le puede sorprender y/o gustar ‘Irrational Man’, que es un híbrido entre ‘Misterioso Asesinato en Manhattan’, ‘Another Woman’ y ‘Delitos y faltas’, grandes obras del Allen de hace décadas; amén de sus típicas influencias de Bergman, Fellini o George Stevens (en este caso concreto).

El problema de ‘Irrational Man’, que es una película decente con una fotografía gloriosa de Darius Khondji y actores solventes, es que se le ven las costuras por todas partes. Su discurrir es a veces pausado y certero, a veces atropellado (sin mencionar ese final sacado de la manga).

Como Allen es muy listo, y muy hábil, a la hora de realizar un batiburrillo perfecto entre comedia, drama existencialista y suspense típicamente alleniano, pues uno puede salir de la sala de cine preguntándose si ha visto una gran película o si es una tomadura de pelo. Pues más bien lo último, oiga. Aunque, repito, la factura es impecable y la cinta entretiene a ratos.

En una ocasión el propio Allen llegó a declarar que es “demasiado vago” y “demasiado de clase media” como para hacer buenas películas. Bien, pues este es el mantra que atraviesa la filmografía de Allen en los últimos años. Y es que estrenar una película anualmente no tiene mucho sentido, más allá de ser un yonki del trabajo, lo que los anglosajones denominan “workaholic”.

Algo así debe pasarle al señor Allen, que hace tiempo que no brilla, y que solo se dedica a copiarse a sí mismo.

De vez en cuando, nos entrega alguna que otra joyita más entonada (aunque a años luz de su etapa de plenitud), como sucedió con “Medianoche en París”. Lo mismo, algún día, tengo que decir que Woody Allen ha resucitado, pero de momento está en coma profundo. Una pena.

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