En Extremadura lo mismo puedes degustar comida viejuna, en el sentido de tomar platos que parecen sacados de otra época, que degustar un helado artesanal puntero en el mercado. 

Algunos de los mejores platos de la gastronomía extremeña eran comida de pobres. No confundir con la comida pobre (por aburrida y poco variada) a la que está acostumbrado un británico como yo.

Así que, aunque haga calor, entran igual de bien unas migas, que un buen gazpacho, para reponerse de las rutas, piscinas naturales y actividades de ocio y cultura que propone esta hermosa región.

1: MIGAS EXTREMEÑAS

No es un plato muy refrescante, pero Extremadura es una región culinaria por excelencia y las migas es uno de sus platos estrella. Comida viejuna, pero en el buen sentido; es decir, comida tradicional, intemporal. No como la tarta al whisky, que es comida viejuna, pero pasada de moda.

El origen de las migas se remonta a los pastores extremeños que las cocinaban en el campo aprovechando el pan duro que tenían de ayer (o de ‘antier’). Las migas tienen que estar preparadas, por supuesto, con el famoso pimentón de la Vera. Si no, no has comido migas. Es un plato que se pude tomar hasta para desayunar con un buen café o un cola-cao.

2: CALDERETA DE CABRITO

La caldereta de cabrito es otro plato típico hurdano que no se suele comer durante los rigores del verano extremeño. Pero oye, si solo vas a pasar en Extremadura unos días/semanas durante el verano, no habrá restaurante de comida casera que no te sirva un buen cabrito en pleno mes de agosto; aunque lo más normal es que se modifiquen los fogones con la temporada estival. Si desafías al calor con este plato, lo mismo coges fuerzas para el invierno.

3: GAZPACHO (DE TOMATE Y CEREZA)

Como ya he mencionado en otras ocasiones, tomarse un buen gazpacho extremeño es una de las mejores maneras de refrescarse en plena solaera. No hay restaurante que se precie en Extremadura que no lo ofrezca en su carta. La variante de cereza es más suave al paladar (aunque a estas alturas ya es más complicado encontrarlo y, sobre todo, más caro). El gazpacho se sirve bien frío, solo o acompañado de unas tiras de jamón ibérico.

4: HELADO DE PICOTA DEL JERTE

En verano consumimos mucho helado, lo cual no quiere decir que sea de calidad. Las heladerías cutres abundan por las calles de Extremadura (también las hay buenas, por supuesto). Pero si nos olvidamos de los colorines y los churretones de sirope que utilizan algunos establecimientos para abrirnos los ojos y nos vamos a comer a un restaurante (preferiblemente, de la zona norte), siempre podemos pedir un helado de Picota del Jerte como postre.  En sus dos modalidades: sorbete elaborado con agua y el helado realizado con leche. Es otra de las muchas posibilidades que ofrece la cereza del Jerte.  Sabor intenso y trocitos de Picota muy agradables al paladar. Abstenerse fans de helados chungos estilo Kinder, Oreo, etc, que están buenos, pero son pura azúcar con potenciadores del sabor. Como se dice por aquí, no se ha hecho la miel…

5: CROQUETAS DE TORTA (DEL CASAR O LA SERENA)

En Extremadura comer croquetas es como comer perrunillas. Se puede hacer a todas horas. Ya sea para picar o como plato principal. Como la Torta del Casar es otro de esos productos originales de esta tierra, pues nada mejor que juntarlos y pedir croquetas de Torta del Casar (la versión de croquetas de perrunilla todavía no se ha experimentado, aunque yo las pediría). En su variedad con Torta de la Serena también están bien buenas; todo depende de si te ubicas al sur o al norte. Por supuesto, con jamón también son una gran opción.

Para algunos, solo con la torta y un plato de jamon de la dehesa extremeña es suficiente, sin necesidad de croquetas.

6: HUEVOS FRITOS CON CEBOLLA Y PIMENTÓN

Como La Vera es la pera, pues un plato tan simple como un huevo frito se puede convertir en una pequeña delicatessen si lo hacemos a La Vera style. Es decir, añadiéndole cebolla pochada y lo más típico de la zona: el pimentón. Barato, nutritivo y muy rico. Podría seguir incluyendo cientos de recetas con pimentón de La Vera, pero no es plan.

7: SOPA DE PATATA

La sopa también se puede tomar en verano. La de patata es seguramente la más típica y tradicional de Extremadura. Nada que ver con la sopa castellana. La sopa de patata (que se puede servir fría) tiene que llevar poleos, una planta típica de la región extremeña. Algunas versiones también pueden llevar bacalao.

La sopa de tomate y la de trapo (con pan, aceite –si es de Gata-Hurdes mejor– huevos, ajo y pimentón) también son opciones baratas y refrescantes. Se pueden acompañar de uvas o higos frescos.

En la zona de Tierra de Barros es habitual el cojondongo, una sopa fría a base de ajos, pan duro y aceite de oliva, con tomate y pimiento. Típico de la cocina tradicional, sencilla y pastoril de las tierras extremeñas.

8: ZORONGOLLO (Y OTRAS ENSALADAS)

El zorongollo es una ensalada de pimientos y tomates asados muy extendida por toda la geografía extremeña. También la puedes encontrar como tapa en casi cualquier bar, en modo tosta. Por supuesto, en verano lo más socorrido es la ensalada de naranja o limón, que provoca una combinación de sabores ácidos y dulces que ni las chuches.

9: ¿Y EL PESCADO?

Por razones obvias, el pescado tiene mucha menor relevancia en la cocina extremeña, porque era muy complicado hacer llegar pescado fresco a zonas del interior. Sí hay mucha presencia de recetas con bacalao salado y con tencas, sobre todo en la zona de Tajo-Salor; donde, no en vano, en agosto se celebra la Fiesta de la Tenca. La trucha también es una buena opción para pedir en un restaurante, junto a las típicas patatas a lo pobre.

10: DULZAINA

Perrunillas, mantecados, huesillos, floretas… La repostería extremeña es muy variada. Si te has quedado con hambre, lánzate a la tahona más cercana y adquiere cualquiera de estos dulces caseros, que los extremeños degustan cada vez que acuden a ver a sus abuelos o a sus padres.

Un buen extremeño siempre tiene unos abuelos que le hinchan a tururillos o tirabuzones, buñuelos, rosquillas, pestiños… (sin contra los postres fritos, que son más típicos de la primavera y la época ‘semanasantera’).

Otro plato típico para pedir de postre es la Técula Mécula. Una tarta de origen árabe, que se da sobre todo en Olivenza, aunque se sirve en otros puntos de la región. Se dice que esta receta fue encontrada, hace un siglo, en un baúl de una casa de este municipio pacense. Lleva hojaldre, yemas de huevo, zumo de limón, almendras molidas… Una bomba calórica para terminar de comer bien y echarse una siesta para reposar.

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