Lunes de papel
Emilia Guijarro

Transcurre septiembre y quiero dedicar mi columna a tantos niños y niñas que empiezan un nuevo curso escolar.

No hay espectáculo que iguale a un patio de colegio el primer día del curso escolar: muchos nervios, caras de preocupación, manos que les cuesta separarse de las de sus padres, alguna lágrima y un correr hacia lo desconocido, hacia una nueva etapa de su vida. Un coro de murmullos, risas, carreras, inundan los patios de los miles de centros educativos de todo el mundo.

Y no saben ellos, pero nosotros sí, que ese será el primer paso de los miles y miles que les quedan por vivir, que en esas aulas todas iguales, todas diferentes, se irá modelando su personalidad hasta convertirse en el ser humano que serán el resto de su vida.

Demos a la infancia lo mejor en materia educativa, lo que necesitan y precisan en función de sus capacidades, porque invertir en educación no es un gasto sino una inversión en futuro.

Cuando las administraciones pretender ahorrar, adelgazando el gasto educativo, están haciendo un flaco favor a la sociedad del futuro.

En el mundo hay millones de niños y niñas, especialmente estas últimas, sin escolarizar, sin haber pisado un aula en su vida. Hay millones que abandonan la escuela a una edad temprana para dedicarse a trabajos que le son impuestos por una sociedad que no reconoce los derechos de la infancia. Y ese debería ser un objetivo prioritario.

Toda institución educativa es un elemento de socialización, el primer contacto con el mundo ajeno la familia. Si queremos una sociedad más igualitaria tendremos que priorizar ciertos contenidos. Si apostamos por un mundo respetuoso con la visión de los diferentes tendremos que enseñar a valorar lo diferente como valor y no como problema.

Si apostamos por la ética de las relaciones humanas tendremos que apostar por las humanidades. Si apostamos por la inserción laboral tendremos que potenciar la formación profesional .

Si creemos que la comunicación es un valor para la humanidad tendremos que potenciar la enseñanza de los idiomas .

Y así podríamos seguir indefinidamente definiendo objetivos para construir la sociedad que queremos ser.

Nuestro futuro tiene muchos desafíos que afrontar, que sólo serán superados si hacemos que la educación sea un instrumento para la igualdad.

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