Historias de Plutón /
JOSE A. SECAS

Cuando empiezan a ocurrir cosas o, dicho de un modo más preciso, acontecen situaciones y circunstancias que podrían llegar a ser predecibles (dentro de lo imprevisible que es el futuro), entiendo que lo que sucede es lo que tiene que suceder y que no existen las coincidencias; sí la consecuencias. Lo digo porque, a raíz de mi anterior artículo de opinión en estas páginas, donde manifestaba mi intención de mostrarme, por un lado, decidido a alejarme de una postura meliflua y poco comprometida de cara a la situación social, política y económica y, por otra parte, activo en la preparación de la revolución que se avecina; me he visto iluminado, por segunda vez, con la inestimable opinión de un amigo lejano y casi perdido en los tiempos de juventud que, sin querer, ha vuelto a aparecer en mi lista de teléfonos; cosa que ha permitido recuperar el contacto.

El 1% de la población de la Tierra es dueño del la mitad de la renta mundial

El agudo análisis de la situación que me ha regalado que me permite abundar en las reflexiones de la pasada entrega y que me ha comunicado en pocas palabras, me ha dado mucho que pensar. Lo comparto: “Los poderosos ya no nos necesitan para seguir enriqueciéndose”. Mientras la clase media ha servido a sus intereses y el consumismo y el capitalismo salvaje se ha extendido y “globalizado” hacia la conquista de más y más generadores de riqueza, la cosa marchaba bien (y es cierto que continúa en los países de economía emergente; futuras víctimas que verán, en sus propias carnes, reproducido el mismo esquema). En nuestro  primer mundo, donde el estado del bienestar había llegado a verdaderos niveles de desarrollo gracias al esfuerzo de la clase media, el sistema financiero se ha convertido en la herramienta que los poderosos utilizan para seguir enriqueciéndose a costa de los demás. Ahora nos roban a través de los bancos y empezamos a ser —junto con nuestro sistema— prescindibles y, últimamente, hasta molestos… El problema de todo esto es que se han servido de los políticos y de la corrupción de la democracia para alcanzar estos niveles legales de robo y expoliación sistemática mediante “los mercados” y otras falacias que no persiguen nada más que eso: enriquecerse explotando a los más débiles; esto es: clase media y trabajadora (yo, tu, él). Lo malo es que la cosa no se queda aquí y el estrangulamiento económico que facilitan las leyes promulgadas por políticos corruptos al servicio de los poderosos, está socavando por una parte, las bases de nuestro sistema democrático y, por otra, las reservas y los pilares del estado del bienestar mediante el asalto y robo —consentido— consistente en  diezmar las arcas del estado, aumentar la deuda y recortar servicios sociales básicos (nunca sus beneficios y prebendas).

Es lamentable ver como día tras día perdemos nivel adquisitivo, derechos y conquistas sociales en paralelo al aumento de las ganancias de las grandes empresas y magnates. Estamos asistiendo a una fractura social donde cada vez menos ricos aumentan su fortuna y muchísimos más pobres vamos acercándonos (si, poco a poco) al abismo de la indigencia. El 1% de la población de la Tierra es dueño del la mitad de la renta mundial. No hay mucho más que añadir, salvo que la revolución está llamando a tu puerta.

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