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De Cáceres de toda la vida /
José María Saponi

De pequeños, en las correrías que hacíamos alrededor de nuestro barrio, las Casas Baratas, la Peña Redonda, la entonces Plaza de Italia, partíamos siempre, desde nuestra calle de García Holguín, y la meta mas ansiada era que nos dejaran subir a la Torre de la Peña Redonda, desde allí se dominaba todo Cáceres, desde la sierrilla y la fuente de Hinche (para nosotros “jinche”), hasta la torre de la Iglesia de San Mateo, en lo alto del Barrio antiguo.

Seriamos los que en el futuro queríamos, ya por entonces, ser participes, deseábamos ser protagonistas en el progreso social y económico de nuestra tierra. le dábamos mucha importancia nosotros al mundo de los mayores. En alguna ocasión tendríamos que trabajar por esa ciudad, por nuestra tierra de Extremadura y también por España, mira por donde al cabo de los años, yo mismo tuve el honor de ser elegido durante varias legislaturas para ser Alcalde de Cáceres, (1995-2007) un niño de la Peña Redonda, llegó a ser Alcalde de aquella ciudad que tanto admirábamos desde lo alto de la torre.

Éramos una pandilla formada por Pedro Muriel Martínez, José Valerio Tato Durán, Benigno Rey Domínguez, José Santiago Fernández Macayo, Andrés Cebrián, Pepe al que llamábamos cariñosamente “bebón”, Eusebio “el Indio”, y yo. De todos ellos faltan José Valerio, Benigno y José Santiago, que fallecieron. Pepe y Cebrián se fueron a Cataluña, y contribuyeron por necesidad primero y por honradez siempre, al progreso de aquella querida Región.

Soñábamos desde allí arriba, con una ciudad que por sus valores históricos y culturales, habría de ir hacia arriba en prosperidad, estábamos convencidos de que en Cáceres había gente buena, buena gente, que querían vivir en paz y en libertad y donde los jóvenes pudieran construir su futuro profesional.

En aquella primera pandilla estaban jóvenes que estudiaban en la Escuela Pública de Nuestra Señora de la Montaña, y que aún recuerdan a aquellos Maestros que les enseñaban a ser, a ser sencillamente gente integra y honrada. .Nos acordamos de don Florencio Manzano y doña Crescencia García, que eran los Directores del Centro y los niños teníamos como Maestros además de don Florencio, a don Isidro. don Licerio Granados y don Gabriel Medina, así como a las Maestras que llevaban la responsabilidad de la formación de las chicas, pues en aquel entonces la educación no era mixta.

Hasta aquí me he querido referir a un pasado, que creíamos esperanzador para lo que había de venir después y que nosotros, ni por asomo intuíamos. Escribo esta historia, antes del 27-S, en la esperanza de que ningún trauma se produzca en la unidad de España, a pesar de la intención de los partidos independentistas catalanes, que propugnan una «desconexión» con España. También porque he recordado a dos amigos míos de la infancia que tuvieron, que coger las maletas, dejar su tierra e irse a Cataluña, región ya por entonces próspera, en busca de un trabajo que aquí no tenían. Le dedicaron su esfuerzo, su honradez, su sacrificio y su trabajo.

Cuando esto se publique, puede haber sucedido lo que el afán desmedido de algunos pretendía, España se ha roto, queramos o no y ojalá, cada uno de los protagonistas en esta historia se responsabilicen de sus acciones. Yo me quedo con aquella España en Paz que soñábamos cuando éramos jóvenes y jugábamos en pandillas. A cuyo desarrollo tantos españoles han contribuido con su esfuerzo y sacrificios.

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