Reflexiones de un tenor
Alonso Torres

¿¡Y por qué carajo no podemos traer pacà a la Bartolli, eh, muyayo, esa cantante tan exuberante y que canta tan bien y que tiene esas formas tan contundentes de mujer, eh, por qué no, eh, muyayo, quién me lo impide, eh!?. Golpea con fiereza la mesa donde el chambelán ha dejado las carpetas verdes de la mañana (antes del anochecer, por la tarde, tras el tercer “barraquito” -leche condensada, licor, café, leche, canela y limón- vendrá otra carpeta, esta, de color azul). Quien así pregunta a gritos es Acorán Gutiérrez Oramas, el Hombre Fuerte (así se autoproclamó) de La República Social Guanche (Fuerteventura y Lanzarote no se sumaron a la causa, aunque sí los 737 habitantes de La Graciosa, que fueron reducidos tras sonoros, más que nada, combates, por la Guardia Civil de Arrecife), y quien le escucha es su mano derecha, Alfonso Peris Corchero, “el maldito godo”, como le llama tras orgiásticos tragos de Blat, su amigo y compañero “el golpista” (conocido así desde Madrid).

Uno es delgado y fibroso y viste uniforme militar color “gris desierto” con correajes de cuero marrón oscuro, sin brillo alguno, mates; de la cintura penden, a derecha e izquierda, un machete floreal y un gran revólver. Su cara siempre aparece contraída como por algún dolor que no manifiesta y que no afea, más bien todo lo contrario, su semblante de atractivo halcón; el otro, tan alto como el anterior, es gordo, voluminoso, grande, y pareciera salido a cualquier hora de una larga agarrada de lucha canaria (pero él no ha nacido en las Islas Canarias sino en Lasarte, Guipúzcoa). Aco, la italiana no quiere venir aquí porque se lo habrá dicho su representante. Su amigo le mira desde el interior de la balconada del palacio de San Telmo, antes palacio militar, ahora sede del gobierno. ¿¡Y por qué le aconsejan eso, eh, muyayo!?. Medio sonríe su interlocutor. Por miedo a que le pase algo, Madrid es maledicente. Y se le acerca con el trabajo pendiente (la carpeta no abierta de la mañana). ¡¡¡Me cisco en todos los godos, y en ti también, muyayo!!!.

Aco, la italiana no quiere venir aquí porque se lo habrá dicho su representante

Las vistas desde el balcón central, donde está ubicada la gran sala de recepciones (en el piso de abajo hay otras, pero allí las fiestas duran menos) caen directamente al parque de igual nombre, y en el centro del mismo se levanta un quiosco de música donde todo parece estar a punto de estallar. ¿Quién toca esta tarde?. En una mano sostiene el café, con la otra saluda respondiendo a la ciudadanía que le ha acogido con vítores. Desde dentro contestan. Unos chavales que hacen música reivindicativa y de protesta. Se gira despaciosamente y su cara no es amistosa. Ten cuidao, godo, ten cuidao. El otro ríe vertiendo en un trabajado vaso una catarata de 100 Peppers. Tranquilo Aco, no es contra ti, es contra las petroleras, además a los payasos hay que dejarles decir payasadas. Levanta el vidrio y sigue. Las payasadas y los payasos son importantes, Aco, así la gente cree que hay libertad de expresión. Se ha dado la vuelta de nuevo y no solo saluda, sino que chupa el robusto cigarro puro y dice al aire. Pues se van a ir jodiendo con su música, porque a las petroleras les voy a decir que sí, ¡¿de qué creen que vamos a vivir si no, solo del turismo de mierda?!. Tras pegar un buen sorbo de whisky recitar para sí, “el primero golpea, el segundo acaricia, el tercero aconseja y el cuarto pierde”, levanta la voz. Bueno, Aco, podríamos también en ir pensando en energías alternativas. Cierra el balcón con fuerza, suenan los cristales y las cortinas se agitan. ¡Eres un puto jipi, muyayo!, pero a lo mejor tienes razón… sí, a lo mejor no vas descaminao.

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