Con ánimo de discrepar /
VÍCTOR CASCO

¿Por qué hay creyentes? ¿Por qué triunfan las religiones? Podemos dar varios motivos:

Por una parte hay un condicionamiento social y familiar. Creemos porque desde pequeños nos adoctrinan para ello. Y no para “creer” en general, sino para creer “en particular”. Observen la paradoja de un hindú horrorizado por las formas externas de la religiosidad católica, o de un protestante incapaz de ver belleza en imágenes sangrientas desfilando por la calle, o la incomprensión de un católico para con la santificación de las vacas en la India o el rechazo al cerdo entre judíos y musulmanes practicantes. Cada uno de estos grupos es ateo en un 99%. Considera —sin mayores pruebas— que su dios es el verdadero y los dioses de los demás son falsos. Y pese a negar el 99% de los otros dioses, no entiende que haya ciudadanos que nieguen al suyo.

Digamos, además, que las religiones ofrecen una explicación sencilla del entorno y del mundo. El universo se hizo en seis días y con eso ya no necesitas preguntarte – actitud tan incómoda para muchas personas – nada más. Las religiones adormecen toda curiosidad, toda inquietud. Son cómodas porque no exigen mayores esfuerzos intelectuales. Te piden fe absoluta, inquebrantable. No pienses, no te atormentes porque dios es la respuesta a todo. Nada más necesitas.

Las religiones adormecen toda curiosidad, toda inquietud. Son cómodas porque no exigen mayores esfuerzos intelectuales

Claro que hoy en día la religión explica —sobre el universo o la vida— cada vez menos y la ciencia explica cada día más.

Y por supuesto, como elemento central, ofrece una perspectiva de salvación: vivir eternamente… Para lo cual, por supuesto, toda religión impone una serie de normas y deberes a sus fieles. Sus dioses son, en eso, muy particulares: nos aman mucho, pero no tanto como para concedernos el don de la eternidad si no les hemos rezado lo suficiente. ¿Que quieren que les diga? Un dios que necesite de plegarias y se complazca en ellas no parece tan perfecto.

Sí, ese es el gran motivo de la necesidad de la creencia: la esperanza en no morir del todo. Y claro, como nadie vuelve del más allá para corroborarlo, solo con esa ilusión se ganan muchos adeptos.

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