Cáceres
Cáceres

Minimalismos
Vicente Rodríguez Lázaro

(Sensaciones y apariciones en las madrugadas cacereñas)

El perfil de la ciudad se ilumina soberbio cuando el crepúsculo cierra sus ojos ruborizados ante las miradas de los visitantes.

Torres y palacios compiten con denuedo por mostrar sus caras renovadas, por ocultar el lado tenebroso de su pasado, por expandir la paz en unos espacios antes dominados por la sangre derramada.

Las patrullas armadas surgen en la noche y recorren las calles con pasos rítmicos de lucha saliendo de las sombras.

El tiempo se detiene y aúna en sus latidos las múltiples escenas dibujadas por las eras. Desde las almenas se escuchan los tumultos de los preparativos para la batalla. Los juglares deslizan en sus cantos las historias de amor y muerte, asentados en las plazas y a través de las calles, siempre abrazadas a los palacios y casas solariegas.

San Jorge y el dragón pelean con fuerza en medio de una plaza. Y el anciano Caíd, envejecido por la tristeza, narra su tragedia caminando por el aljibe sobre el agua estancada que alberga la memoria de los lejanos almohades y conserva en sus ecos la sutileza de los cánticos y la sensualidad penetrante de las hermosas odaliscas.

Por encima de las murallas, una dama etérea flota sobre las almenas y orienta la mirada hacia la sierra cercana a la espera de un amor que jamás regresará, al aguardo de un perdón que redima su memoria.

Las luces fantasmales se marchitan cuando el alba despierta y el espectro de la ciudad regresa al lado oculto de la existencia, al abrigo de las miradas de un cálido presente, y en la próxima noche regresará con insistencia para mostrar más páginas de su enorme biblioteca afincada en la nostalgia de un ayer tumultuoso.

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