Reflexiones de un tenor /
ALONSO TORRES

Cuentan que cuando Ilse Weber (compositora y escritora judía) iba camino de la cámara de gas (estuve en el Museo del Holocausto en Berlín y había una habitación que simulaba una de ellas; la sensación fue de frío y abandono, de tristeza e incomprensión, y eso que el techo era mucho más alto que en las reales, la puerta se abría cada quince minutos, y no estábamos los que nos metimos allí, ni desnudos ni aterrados), digo, que Ilse Weber cantaba una canción titulada “Wiegala” para que su hijo y los otros niños que estaban en la fila camino de la muerte  no tuviesen miedo. Mierda.

Vasili Grossman, reportero y escritor ruso-soviético, defenestrado después de la IIª Guerra Mundial por el asesino y tarado de Stalin (entre otros apodos, “Grozny”, terrible), relata en su libro “Vida y destino” un episodio parecido: una mujer rusa, médico militar, está presa en un campo de concentración (a los eslavos los nazis les persiguieron con igual ahínco que a los judíos).

Siempre deseó ser madre, pero las circunstancias nunca le fueron favorables, y de camino a la cámara de gas (sabe que va a morir, sabe a dónde les llevan) un niño que estaba solo la agarró fuertemente de la mano. En ese momento sintió que ese hijo que tanto había buscado estaba con ella. Más mierda.

El pasado día 27 de enero se cumplían 69 años de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz, Birkenau y Monowitz

En 1942, a la edad de noventa años, el músico Elkan Bauer fue asesinado por los (cochinos) nazis en el campo de concentración de Terezín (Theresienstadt). Más mierda todavía. No sabía leer partituras ni componer, pero las melodías que inventaba y silbaba eran anotadas, escritas en papel pautado, por alguien apellidado Vogel.

Se estrenaban en el café Volksgarten de Viena (“más allá de Viena todo es literatura”, Cortazar scribit) con gran aceptación de público y crítica. Los jueves y sábados eran los días señalados para tal fin y la gente que no podía entrar, que era mucha, mucha, se agolpaba en las puertas del establecimiento requiriendo su parte de arte (menos mierda). Se salvaron algunas composiciones suyas de la quema (“Aeroplan Walzer” o “Diana-Walzer”). Más menos mierda.

El pasado día 27 de enero se cumplían 69 años de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz, Birkenau y Monowitz por parte del “Ejército Rojo” (mucha menos mierda, ¡¡dabai, dabai!!). Pero luego, todos esos “campos”, los utilizaron los soviéticos para los mismos fines que los nazis (miiiieeerrrdaaaa), y los que perecieron fueron, dentro y fuera de las fronteras de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, veinte millones de personas. Mierda total.

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