Una teoría muy extendida afirma que el aleteo de una mariposa puede sentirse al otro lado del mundo. Es lo que se conoce como “el efecto mariposa” y lo tomamos de un proverbio chino. Viene a significar, aproximadamente, que todas las acciones que emprendemos tienen sus consecuencias. Máxime si hablamos de un mundo global e interconectado como este, donde no sabemos aún si la globalización es causa o resultado.

Globalización que permite a las empresas españolas competir en igualdad de oportunidades en cualquier parte del globo, ya sea levantando un imperio como el de Amancio Ortega con Inditex o el de ingenierías como Sacyr, que lideran el proyecto de ampliación del Canal de Panamá. Y precisamente sobre ella han descansado todas las miradas durante la semana pasada. El consorcio que lidera la española denunciaba el incumplimiento sistemático de las condiciones del contrato de adjudicación por parte de la Autoridad del Canal y reclamaba un pago extra de más de 1.600 millones de dólares, exactamente la partida destinada a cubrir la construcción del tercer juego de esclusas. Hablamos nada más y nada menos que de la obra de ingeniería más importante de todo el hemisferio sur de los últimos años. Un esfuerzo titánico que prevé aumentar el tráfico marítimo que conecta el Caribe con el Pacífico en más del doble. Toda una hazaña que sea una empresa española la que lidera esta maravilla de la ingeniería.

¿Cómo afecta un conflicto como este en nuestro país? De momento las acciones de la compañía se desploman en la bolsa. A nivel político, aumenta la crispación y debe entrar en juego la diplomacia. Ana Mato se plantea la posibilidad de viajar hasta Panamá para mediar en el asunto y trasladar un mensaje de Rajoy. Marca España. Nuestro país se juega su imagen también en el sector privado

Este tipo de empresas nacionales deslocalizadas son fundamentales para nuestra economía, porque mantienen en positivo la balanza de exportaciones y garantizan empleo a numerosos españoles expatriados. Es fundamental mantener la confianza de los gobiernos que licitan proyectos de esta envergadura.

Sólo el sector privado mantiene la creación de empleo evitando que se desplome el país y la tasa de parados se dispare hasta cotas aún más elevadas. El gobierno debe proteger los intereses de España en el exterior, y eso pasa por mediar en conflictos de este calibre para que no se eche al traste el esfuerzo de muchos años de implantación, inversión y confianza.

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