El iceberg – Microrrelatos
Víctor M. Jiménez

El cielo se tiñó de gris. No tardó en reventar. El parque se convirtió en la peor opción para el primer encuentro. No había forma de salir de casa con semejante tromba de agua. La calle inundada pronto se convirtió en un río de lodo que arrastraba todo a su paso. La muchacha recorría nerviosa la sala de estar. Miraba a través de los cristales y no acertaba más que a otear la oscuridad que se ceñía a los contornos de los edificios. Decidió llamarlo, pero no respondió. La voz monótona se le clavó como un puñal: «El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura». Los viejos presagios volvían a su mente. Ahora, que todo parecía cambiar, la inoportuna tormenta anegaba sus esperanzas. Tras pensarlo mucho decidió no ir a la cita, aunque intentó sin fortuna hablar con él durante el resto de la tarde.

La mañana siguiente amaneció radiante. En el periódico, junto a la noticia del temporal aparecía otra que anunciaba la detención de un psicópata que había aterrorizado la ciudad en los últimos meses y al que se le atribuían no menos de cuatro víctimas. La muchacha no relacionó las dos noticias ni llegó a saber la suerte que tuvo hasta que la avisó la policía para declarar: varias llamadas suyas aparecían en el teléfono de aquel individuo.

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