Desde mi ventana /
CARMEN HERAS

Hoy tenía pensado escribir sobre la reforma de la ley local, esa que afecta a los Ayuntamientos. Imaginarán ustedes por qué, mis cuatro años de práctica directa me han enseñado hasta que punto tener presupuesto y autonomía, dentro de lo que marcan las normas generales y autonómicas, es condición importante para poder ayudar a tu localidad. También, buenos equipos y ganas de trabajar en proyectos con visión de futuro. Cualquier Alcalde sabe que la autoridad municipal ha de cubrir parcelas generales de desarrollo sin abandonar lo doméstico, que afecta a todos y cada uno de sus conciudadanos. Es incomprensible no saber gestionarlo cuando se tienen mayorías absolutas, aunque de todo hay en la viña del señor.

Esta reforma, de la que cada vez dudamos con mayor ahínco, no solo supone un ataque sin precedentes a la propia administración local, al despojar a los ayuntamientos de sus competencias y propiciar la privatización de los servicios públicos municipales, sino que afectará también de forma muy directa a las Comunidades Autónomas al imponer por ley a estas que den unos servicios —que hasta ahora prestaban los ayuntamientos—, para los que carecen de financiación.

Y lo hace de forma unilateral, imperativamente, sin respetar el precepto constitucional que obliga a la participación de las comunidades autónomas en el proceso de traspaso. Y coercitiva, porque las obliga a asumir competencias relativas a salud, servicios sociales y educación o, de lo contrario, a pagar a los municipios el coste de que estos sigan ejerciéndolas.

Parece que la consecuencia de todo lo anterior está cada vez más cerca: esos servicios dejarán de prestarse ante la imposibilidad financiera de mantenerlos. Como les digo, tenía pensado escribir sobre todo esto y lo he hecho, pero hete aquí que se cuela en todos los informativos la aprobación por el Gobierno de la reforma educativa —solo él contra el mundo—, y me van a permitir un pequeño apunte porque estamos hablando de una normativa que afecta a un porcentaje muy amplio de población. Que volverá a sufrir cambios en el año 2015 —así lo han anunciado los grupos parlamentarios—, pues aunque el PP ganara nuevamente las elecciones generales, es dudoso que lo haga con mayoría absoluta.

Y no voy a entrar en el detalle de los aspectos más discutibles de dicha reforma porque lo que verdaderamente contempla con verdadero asombro la comunidad educativa es la falta de diálogo de la Administración en un campo como éste, donde ese diálogo es fundamental. Porque educación es diálogo y comunicación. Y receptividad y empatía. Y no sólo con las Comunidades Autónomas que son las que tienen transferidas las competencias, sino con el profesorado que deberá impartir las enseñanzas, con los padres que deberán colaborar con colegios e institutos, con los centros públicos y privados a los que han hecho entrar en una especie de guerra psicológica y competitiva para ver quién consigue términos mejores en el contrato.

El diálogo es al proceso educativo lo que la caridad a las iglesias o la deontología al médico. Pero al parecer el Ministerio de Wert no lo ha considerado necesario. Hay un sentido centralizador y dogmático llevado a sus últimas consecuencias que intenta tirar por tierra años de trabajo y modos de hacer en el respeto y la dedicación. Hay un nuevo modelo que quiere implantarse y que lleva dos años asomando entre las decisiones de un gobierno popular. La crisis no es el motivo, sólo es el pretexto. Y si no que se lo pregunten a los trabajadores de la televisión valenciana, emitiendo por internet en un último intento de defensa, ahora, cuando ya no hay tiempo.

 

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