Dudas de papel /
GOYO TOVAR

Por todas estas fechas coincidentes de este invierno crudo que comenzó hace dos años, conviven noticias de pura y tierna fraternidad que te desborda el espíritu, con otras noticias de rebuscada malignidad que te despiertan instintos inconfesables.

Entre las primeras, el caso de un director de instituto que ha detectado que mala parte de su alumnado –de 13 a 18 años- asiste no solo malnutrido, sino con signos evidentes de hambre física. De esa hambre que te hace mirar con envidia el bocata bienoliente de chorizo, que te levanta esa envidia que te rebaja a pedirle una mitad del bollicao a la compañera o que te empuja a lañar el comestible que guarda el vecino en la cartera. Pues se han armado de ejemplo para mostrar respeto compasivo allí donde no llegan los dineros de la justicia educativa. Debemos saber que en algunas regiones, muchos menores de edad reciben alimentación básica y saludable a expensas del sistema educativo, ejemplo que no parece ya universal.

Universal también era el calendario de vacunas de la infancia; ya hay elevadas quejas del abandono, por parte de nuestro país, de los protocolos de vacunación diseñados desde la Unión Europea, que es el único de los veintiocho que no seguirá la obediencia con respecto a la vacunación contra el neumococo, según declaraciones del vicepresidente de la Sociedad Española de Pediatría, en la emisora SER.

Estas dos noticas se producían a la misma hora que nuestro Parlamento discutía sobre nueva Ley de Educación, que nace desprotegida de apoyos parlamentarios diversos y que fomentará concepciones y principios retrógrados insoportables para los padres y madres jóvenes, para las alumnas y alumnos con infancia despierta y adolescencia crítica. Ni siquiera la mayoría social de abuelos y abuelas pensó que sus nietos volverían a repetirse.

Son también los tiempos donde millones de personas que desean dignificar el trabajo que tienen, o llegar a tenerlo, han podido escuchar de nuestro Presidente del Gobierno que en España no se destruye empleo; sarcasmo bochornoso que se incendia cuando escuchamos con la otra oreja que se han concedido treinta mil millones de euros a los bancos.

Hay gente que dice que no sabe aguantar más,… esa es mi duda.

 

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