El iceberg – Microrrelatos
Víctor M. Jiménez

Marcelo lleva dos días por los alrededores de la gasolinera en la que se separó del que había sido su dueño hasta entonces. Todo sucedió muy rápido: cuando se dio cuenta, el coche era un punto muy pequeño que se alejaba por la carretera.

Ha decidido, a falta de otra cosa mejor, quedarse por allí. El encargado de la gasolinera es un tipo rudo y de pocas palabras que viste un mono gris plagado de manchas de grasa. Le consiente que merodee por la zona, aunque no le ofrece ni un mal chusco de pan duro ni un poco de agua.

La sed la calma en unos charcos que han dejado las últimas lluvias, pero el hambre aprieta. Como nunca ha tenido que cazar, ni se le pasa por la imaginación adentrarse en la maleza que rodea a la gasolinera para lograr alimento. Le dan pavor las sombras que allí se adivinan y su instinto le dice que es mejor no arriesgarse.

Decide probar otros métodos más sencillos. Uno de los trucos que siempre le ha funcionado es hacerse el muerto. Cuando lo llevaba a cabo conseguía la sonrisa, no solo a su dueño sino a todo el mundo que lo veía. Tal vez, si así logra llamar la atención de alguien pueda encontrar otro hogar.

Observa que un coche se detiene a repostar y comienza su función. Pero el pobre Marcelo no se da cuenta de que está muy cerca de la carretera cuando se tumba patas arriba. En ese momento, pasa un camión a más velocidad de la debida. El conductor ve a un animal que entiende que está muerto y no realiza la arriesgada maniobra de frenar o de dar un volantazo.

Marcelo se salva por escasos milímetros de ser aplastado bajo las ruedas del camión. El encargado de la gasolinera, que es testigo de lo ocurrido, palidece y siente que algo se ablanda en su interior. Entonces avisa al perrillo, que no ha sido consciente de lo cerca que ha estado de morir.

Marcelo ahora se llama Tobías, pero eso le da igual. Los hijos del encargado de la gasolinera son unos niños estupendos que le llenan de atenciones y mimos. Juega mucho con ellos y siente que ha encontrado a su nueva manada.

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